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26.9.13

La única diferencia entre la impureza, la santidad, entre el exilio, la redención, la oscuridad y la Luz, es la presencia del Creador, pero todo depende de la persona.

 Todo está arreglado de acuerdo al plan general y a mi lugar en el sistema, pero en cada momento se me da el libre albedrío, la habilidad para convertir la oscuridad en Luz. Por supuesto, yo sigo olvidándome de esto, caigo en la oscuridad una, otra vez, pero tengo que esforzarme y tratar de alcanzar la Luz. En el momento que alcanzo la Luz, yo caigo en la oscuridad otra vez, por ende tengo que elevarme una y otra vez. Este proceso continúa hasta el fin de todas las aclaraciones y de todas las correcciones. Por consiguiente, la diferencia entre exilio y redención es una diminuta adición, la letra Alef, la cual representa “la cabeza del mundo” (Aluf shel olam), el Creador. Si lo atraigo a Él al estado en que yo me encuentro y me doy cuenta de que Él es la causa, que no existe nadie más que Él, que todo proviene del bueno, benevolente y que tengo que corregirme, entonces, de esta manera aceptaré cada estado, en consecuencia, el Creador habitará en mí de acuerdo a mis vasijas corregidas. Es en ese momento que yo convierto el exilio en redención, la oscuridad en Luz. Si yo no logro hacer eso, entonces permaneceré en el estado corrupto y tendré que encontrar la manera de fortalecerme y llevar a cabo la corrección. Este es en realidad todo nuestro trabajo. Nosotros necesitamos fortalecernos unos a otros en el grupo, con el fin de permitir que cada uno se eleve de la oscuridad a la Luz, al atribuirle todo al Creador. A nosotros seguramente se nos empujará hacia atrás de nuevo cada vez y seremos obligados a caer. Es la Luz la que hace todo esto.

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