Por lo tanto, todos los milagros,
prodigios y todos los viajes que hicieron a lo largo del mundo durante
los 6.000 años, deben ser experimentados por cada alma. El alma buena atrae hacia sí todos los discernimientos de Kedushá antes, después de ella y el alma del mal hace lo contrario. El “alma mala” no aspira a conectarse
con los demás, ya sea con el tiempo o en ciertos casos, por lo que se
convierte en un “tumor canceroso” que sólo quiere comerse todo lo que la
rodea. Esto es muy parecido a lo que sucede en
el cuerpo biológico. Porque allí cada célula está conectada con todas
las demás células del cuerpo. Si esta conexión es normal, le
proporciona salud al cuerpo. En consecuencia, cada “alma buena”, como
una célula sana, se esfuerza por lograr la unidad universal, mientras
que el alma mala, la cual no está corregida, como una célula enferma, de
acuerdo a su naturaleza, se distancia de todos y quiere explotar a los
demás para su propio beneficio. En este estado, la persona se sienta sola y busca beneficio personal (↓ ↓), en éste, ella encarna lo opuesto al amor, que es el odio. Ama a los demás como ama a los peces para la cena. El siguiente nivel todavía es una (↓). Pero no actúa en detrimento de los demás y se convierte en un estado de Jafetz Jesed con un signo menos. Que el mundo entero arda y esto no le importa a ella. A esto se le llama indiferencia. En el siguiente nivel superior (↑), la
persona quiere el bien para otros, pero no hace nada al respecto. Ella
simplemente les desea el bien a todos, y es Jafetz Jesed, una intención pura. Por último, en el nivel más elevado, es una persona que está conectada con los demás (↑ ↑). Esto es amor, intención y acción.
Cuando el Ser Humano descubre la verdadera esencia del Creador y se comporta segun esa naturaleza, de otorgante o dador, ese acercamiento es tan intenso, que se da cuenta que no necesita de su religion, esta permanece solo como parte de su entorno cultural y social en este mundo.
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15.10.13
Baal HaSulam, “600.000 almas”: De hecho, la totalidad se encuentra dentro de cada ítem, ya que al final, todas las almas se unirán en un solo discernimiento, regresando a sus raíces espirituales.
Por lo tanto, todos los milagros,
prodigios y todos los viajes que hicieron a lo largo del mundo durante
los 6.000 años, deben ser experimentados por cada alma. El alma buena atrae hacia sí todos los discernimientos de Kedushá antes, después de ella y el alma del mal hace lo contrario. El “alma mala” no aspira a conectarse
con los demás, ya sea con el tiempo o en ciertos casos, por lo que se
convierte en un “tumor canceroso” que sólo quiere comerse todo lo que la
rodea. Esto es muy parecido a lo que sucede en
el cuerpo biológico. Porque allí cada célula está conectada con todas
las demás células del cuerpo. Si esta conexión es normal, le
proporciona salud al cuerpo. En consecuencia, cada “alma buena”, como
una célula sana, se esfuerza por lograr la unidad universal, mientras
que el alma mala, la cual no está corregida, como una célula enferma, de
acuerdo a su naturaleza, se distancia de todos y quiere explotar a los
demás para su propio beneficio. En este estado, la persona se sienta sola y busca beneficio personal (↓ ↓), en éste, ella encarna lo opuesto al amor, que es el odio. Ama a los demás como ama a los peces para la cena. El siguiente nivel todavía es una (↓). Pero no actúa en detrimento de los demás y se convierte en un estado de Jafetz Jesed con un signo menos. Que el mundo entero arda y esto no le importa a ella. A esto se le llama indiferencia. En el siguiente nivel superior (↑), la
persona quiere el bien para otros, pero no hace nada al respecto. Ella
simplemente les desea el bien a todos, y es Jafetz Jesed, una intención pura. Por último, en el nivel más elevado, es una persona que está conectada con los demás (↑ ↑). Esto es amor, intención y acción.
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