Él eligió el lenguaje del “placer” o del “sufrimiento” a los cuales nosotros respondemos. El Creador creó el deseo de recibir para que sintamos este lenguaje. El Creador “aguijonea” al ser creado,
éste clama: “¡Ay!” Él derrama una gota de jarabe dulce en él y el ser
creado está impresionado: “¡Ah!” Así toda nuestra vida transcurre
entre el “ay” y “ah”. Él nos habla a través de este lenguaje: una gota
de dulzura, una gota de amargura, las diversas combinaciones de ambos
nos conducen a infinitos matices y de variados tonos. Así, el Creador desarrolla el deseo
desde un deseo primitivo hacia un deseo más sofisticado, versátil, al
alimentarlo gradualmente: una cucharada de dulce y una cucharada que es
un poco más amarga, para que uno pruebe todos los diferentes sabores. Esta variedad (TANTA) nace en mi
deseo de recibir, de acuerdo a la forma en que yo comience a responder y
a sentir el otorgamiento del Creador. Él influye constantemente en mí,
ya sea por medio del placer o de las deficiencias, por medio de la
amargura o de la dulzura. No sé por qué el Creador ha elegido este
lenguaje agridulce para comunicarse con su ser creado. Sólo sé que si
yo percibo toda esta amargura y dulzura, si las siento en todo mi deseo
de recibir, entonces con ello aprenderé a entender al Creador. Seré
capaz de entender no la amargura, la dulzura actuales y la forma en
que las siento en mi deseo, sino que lo descubriré a Él, a aquel que ha
elegido este lenguaje para comunicarse conmigo.

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