A esto le llamamos el centro del grupo: la suma de todos los esfuerzos, la “Divinidad” (Shejiná),
el lugar donde todos los ojos se encuentran y hacia donde se dirigen
todas las intenciones. Esta es el área que desarrollamos; nosotros la
incrementamos todo el tiempo cuidando de ella como algo preciado para
nosotros. Esta área en particular, la Divinidad (Shejiná) no existe hasta que unamos todas nuestras intenciones en una. Sólo entonces puede crearse ese lugar y el Creador se revelado en esta. Hasta entonces, la Shejiná permanecerá en el exilio. Esos conceptos de la “Shejiná en el exilio” y la “Sagrada Shejiná”
son dos grados que no están relacionados en absoluto uno con el otro.
Es por ello que sólo tenemos que ver el centro del grupo en cada acción,
la unificación de todas nuestras expectativas, la intención de
construir la Sagrada Shejiná a partir de esto. Todos se esfuerzan
por otorgarles a los otros, y cuando todas esas intenciones se unen,
entonces ellos forman esta área especial. Si no tenemos intención de otorgar a
otros, sino una meta completamente diferente, usarlas para nuestro
propio placer, entonces cada uno de nosotros está hundiéndose en el auto amor, en el egoísmo. En este caso no existe la Shejiná en el exilio, no hay Shejiná
en absoluto; este lugar ni siquiera existe. Comienza a formarse sólo
cuando se reúnen unas cuantas personas que pueden pensar “por fuera de
sí mismas”. Si muchas personas débiles con
intenciones inestables que van y vienen o un pequeño número de personas
fuertes con intenciones más cualitativas se unen, entonces es posible
hablar acerca de construir la Shejiná. Nosotros le añadimos nuestra intención al otorgamiento mutuo y a partir de esto podemos otorgarle al Creador. Estamos preparando un lugar para Su
revelación, no para nuestro placer, sino porque queremos que se revele
de manera que Él reciba placer de ello, de acuerdo al principio “Israel,
la Torá y el Creador son uno”. A partir de esta preocupación mutua,
“cada hombre ayudará a su amigo”, podemos sentir día tras día cómo
construimos esta vasija corregida llamada la Shejiná. La Shejiná se construye a partir de Maljut, la cual se corrige mediante las propiedades de Bina. Maljut es el deseo de disfrutar; la propiedad de Bina es la intención de otorgar. La Shejiná se
crea cuando todos nos unimos por encima de nuestros deseos personales,
aspiramos al otorgamiento mutuo, a nuestra meta y al Creador a través
de ello, porque nos conectamos sólo con el fin de otorgarle a Él. En los grupos de educación integral, la
meta deseada es unirse, y eso es todo. Pero en un grupo cabalístico,
nosotros tenemos que ir hasta el final, como está escrito, “Regresa,
Israel a su Creador”, avanzar hacia la meta con esta intención. Podemos llegar a ello sólo bajo la
condición de que elevemos tanto la meta, que esta brille sobre nosotros y
nos parezca importante. O nos preocupamos por ello, por algún momento
crítico que decide nuestro destino, o la apreciamos tanto que ésta nos
señalará el camino. Ambas cosas trabajan para la misma meta. Nosotros necesitamos revisar
constantemente si cada día sentimos una atracción cada vez mayor hacia
la meta, y usamos esto para medirnos. No tenemos ningún otro criterio
como pantalla ¿Nos preocupa nuestra conexión en otorgamiento mutuo con
el fin de construir un sistema de otorgamiento dirigido hacia el
Creador, para permitirle a Él que se revele y complacerlo mediante
nuestros esfuerzos? El sistema de nuestro otorgamiento es llamado Shejiná.
La fuerza superior llamada el Creador se revela en nuestras intenciones
altruistas si cumplimos la primera condición mínima para Su revelación,
es decir, si alcanzamos el grado de “Nefesh de Nefesh de Nefesh”. Así, entramos en el primer grado espiritual: Embrión (Ibur), comenzamos a existir en el mundo superior.

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