No es que ellas no puedan dar un paso hacia adelante, sino que no
pueden justificar la acción de la Providencia superior en ellas. La
persona es sacada de la masa de la humanidad a través de fórceps y se le
da un tratamiento personal espiritual. Es lo mismo que el bebé Moisés
que fue sacado del Nilo en la canasta y llevado a la casa del Faraón.
Allí, él fue cuidado e intencionalmente su ego se desarrolló. A él se le
enseñó la sabiduría de la Cabalá, se le dijo cuán bueno era él y que había sido seleccionado y que era más especial que cualquier otra persona. Él se siente bien hasta que surgen diferentes problemas. Comienza a actuar incorrectamente de acuerdo a su ego,
lo cual significa que “él mata al egipcio” en él y así es cómo comienza
sus andanzas. Puede parecer extraño que un príncipe mate a su súbdito,
un simple egipcio, pero este es un signo de que él ya no es leal a
Faraón y que no se adhiere a él. Entonces, él debe huir y escapar al
desierto. Él va a Jetró y se queda con él durante cuarenta años. Después
de ser criado y educado en la casa de Faraón durante cuarenta años, él
sigue estudiando durante otros cuarenta años en la casa de Jetró,
sacerdote de Midian. Este es el proceso evolutivo que
nosotros debemos atravesar, puesto que de otro modo ustedes no estarán
listos para retornar a Faraón y confrontarlo desde una posición
igualitaria, pararse directamente ante él. Sin esto, no serán capaces de
resistir las diez plagas y de sentir que es el Faraón quien recibe cada
una de ellas y no ustedes. El Moisés que vuelve de Jetró ya es
totalmente diferente a Faraón. Él ya no pertenece nunca más a la casa de
Faraón, más bien al pueblo israelita y él ya exige, “¡Deja que mi
pueblo se vaya!!”. Faraón se convierte en un enemigo. Moisés aprende este enfoque de Jetró, el
gran sacerdote de Midian. Él debe conectarse con el concepto de Jetró,
debe casarse con su hija Séfora (Tzipora) tener hijos. Todo
este proceso parece ser muy complicado desde una mirada externa. Es
difícil de entender para qué son todas estas pruebas: la lucha entre la
inclinación al mal y la Torá que es el medio para su corrección y luego
la salida hacia la espiritualidad. No es un proceso sencillo. Estos son procesos que cada alma rota y
corrupta debe atravesar a fin de ser corregida y purificada. Así, las
personas ascienden y descienden. Algunos caen a lo largo del camino y
otros saltan hacia lo alto. Eso es verdad, pero no entendemos lo que
está pasando. Lo único que nosotros podemos hacer es calmarnos y
resistir. Sólo la paciencia puede ayudarnos aquí y yo hablo desde mi
propia experiencia. Naturalmente soy muy impaciente, pero estoy
dispuesto a ser paciente aquí porque este es el único medio que puede
ayudar.

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