Con
la interacción correcta entre el egoísmo y la fuerza opuesta a éste,
nosotros empezamos a aprender sobre una fuerza a partir de la otra
fuerza, a entender su esencia de forma correcta, a percibir a aquel
estamos construyendo entre ellas. De hecho, estamos construyendo ese
poder que produjo tanto el egoísmo como el altruismo. Esto es llamado el
elevado poder de la naturaleza que produjo el Big Bang en su momento. Es desde del Big Bang del
cual fueron creadas las dos fuerzas: la fuerza altruista, la cual está
oculta en la naturaleza, y la fuerza egoísta, que empezó a extenderse, a
conquistar el espacio a contraer y a comprimir toda la materia que fue
creada. Junto con esto, dentro de la materia, la
fuerza altruista está actuando todo el tiempo, pero ésta trabaja sin
que la sintamos. Después de todo, si no hubiera existido, ¿cómo se
habrían conectado los elementos? Estos sólo se habrían esparcido
alrededor. Si la fuerza del altruismo no lo hubiera conectado todo,
entonces el egoísmo no habría tenido la posibilidad de separar, empujar
hacia los lados, expandir. La expansión siempre requiere de la
existencia de la fuerza interna que mantiene la conexión y si no hay
conexión, entonces ya no podemos hablar de desarrollo. El desarrollo es
una expansión de los límites del estado previo en el que se descubren
nuevos vínculos cualitativos, nuevas leyes de conmutación. Así, tanto el egoísmo como el altruismo
existen en la naturaleza. De allí nosotros derivamos el componente
altruista oculto desde la naturaleza, empezamos a desarrollarnos a
nosotros mismos y a la sociedad humana como un todo unificado. De forma
simultánea, además de la humanidad, usamos la naturaleza del inanimado,
vegetativo y animado en esa energía, en aquella armonía, en ese
movimiento global e integral hacia la unidad, hacia la integración
recíproca en cada uno. Construimos un todo desde todas las partes de la
naturaleza. Entonces se descubre la única criatura que creamos a partir
de la unidad de todas las partes. Y a ésta se le llama Adam, es decir, semejante al Creador, de la palabra “Domé, similar”.
Por lo tanto, a través de la creación de
este sistema, descubrimos en él esa fuerza que produce los componentes
positivos y negativos de este. Nosotros llamamos a esta fuerza el
Creador, porque este creó todo nuestro universo y a nosotros, creó todos
los prerrequisitos para que nosotros nos construyéramos de forma sabia a
partir de las dos fuerzas opuestas y entendiéramos qué es esta fuerza.

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