Se sabe que éste está en
el corazón, es decir el pensamiento. El pensamiento que es inteligente es considerado masculino, el corazón es considerado femenino, Bina, el corazón entiende que recibe de Jojma y debido a que el sacrificio se eleva hacia arriba, es todo masculino. No tiene sentido el tratar de imaginar todas las alegorías de la Torá
(el sacrificio, el fuego, el humo, etc.) de acuerdo a los conceptos
corporales. Todo tiene que estar por encima del pensamiento y el
pensamiento es totalmente abstracto. Esto se refiere sólo a las correcciones
internas emocionales que realiza la persona en sus deseos e intenciones
y nada más. La Torá no nos obliga a realizar estas acciones a nivel
físico. Sabemos que en los últimos días del
Segundo Templo, la gente hacía todo lo que estaba escrito en la Torá con
mucho entusiasmo e incluso se quemaba a los pobres animales, pero no se
involucraban en la corrección de interna, por lo cual fue destruido el
Segundo Templo. Lo mismo sucedió con el primer Templo, que estaba en un
nivel espiritual aún mayor. Así ocurrió gradualmente la caída
completa de la humanidad al nivel corporal y la corrección interna
cedió su paso a las acciones mecánicas. Nosotros no debemos tomar literalmente
todas las instrucciones de la Torá, porque si se nos dice que tenemos
que comer los sacrificios, significa que tenemos que recibir la Luz de Jojma, la Luz de la sabiduría en los deseos corregidos y no es que debamos comer literalmente la carne. Las alegorías de la Torá son tan
confusas para la persona que no está preparada, que se convocan en ella
imágenes y sensaciones totalmente diferentes, relacionadas con nuestro
mundo material. La transición de este lenguaje hacia el verdadero
significado de la Torá que nos habla sólo acerca de acciones
espirituales, es un gran problema.

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