Si la persona tiene este atributo, significa que está en el mundo espiritual. Si una propiedad opuesta domina a la
persona, el atributo de recepción y ella está totalmente inmersa en
este, significa que está en el mundo corporal. Todo depende de la fuerza que opere en
ustedes, que los domine y que los maneje. Si se trata de la fuerza de
recepción, de los deseos, cálculos egoístas, significa que sienten el
mundo corporal y viven en él. Pero si de repente adquieren la fuerza de
otorgamiento y se incorporan en ella, significa que ustedes están en el
mundo espiritual. Nosotros no podemos imaginar la diferencia entre los
dos mundos. Es imposible describirla o explicarla. Debido a que el deseo de recibir debe
ser corregido y a que su poder se revela temporalmente, cuando éste se
ha terminado y sucumbe ante el dominio del deseo de otorgar, también
nosotros estamos en el deseo de recibir, en la materia temporal
perecedera, en la que nacemos, vivimos y morimos. Esta es una réplica de
la fuerza espiritual, el deseo de recibir, después de setenta años,
setenta niveles, debe desaparecer y convertirse en un deseo de otorgar. El exilio
es una sensación en el deseo de recibir que tiene que someterse a un
cambio y alcanzar la forma de otorgamiento. El ser creado no puede
otorgar; él sólo puede ser un deseo de recibir, mientras que el
otorgamiento es el atributo del Creador. Pero cuando el deseo de recibir
trabaja con la intención a fin de otorgar, se esclaviza a sí mismo
ante los demás y ante el Creador, significa que otorga. De esta manera podemos estar en dos estados; ser esclavos de Faraón,
trabajando para el deseo de recibir, o siervos del Creador que trabajan
para el deseo de otorgar. Todo nuestro trabajo es ayudarnos a nosotros
mismos y al mundo entero a alcanzar el deseo de otorgar y a deleitar al
Creador. Si nosotros no agregamos esta meta, ya
no hay un deseo de otorgar. El deseo de otorgar sólo puede expresarse de
una manera, al deleitar al Creador, porque entonces este deseo, esta
inclinación, se separa de mí y no recibe una recompensa. Este surge de
mí, pero no regresa a mí. Si yo opero en beneficio de los seres
creados, de los amigos, del grupo, y en eso no tengo la intención de
deleitar al Creador, significa que no sigo la línea del otorgamiento
hasta el final y que aún opero para mi propio bien. Sólo si tengo la
intención de alcanzar al Creador, mi intención es relativamente pura, de
acuerdo a mi nivel.

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