Un control es el control de nuestro ego, la inclinación al mal, el rey de Egipto Faraón que nos mantiene en la esclavitud. Pero a veces, dependiendo más o menos
del avance de la persona, se descubre también otro control: la
inclinación al bien, el poder de otorgar, el anhelo por salir de uno
mismo hacia el otro, hacia los amigos, hacia la unidad, la conexión y
así sucesivamente. La persona está en medio de ese poder
dual, bajo el control de dos ángeles: la inclinación al bien, la
inclinación al mal que lo sujetan por las manos a ambos lados y lo guían
hacia la meta de la creación. Ciertamente, la inclinación al mal
también actúa de acuerdo al programa del Creador y le ayuda a la persona
a avanzar de forma independiente, ejercitándole su libertad de
elección. Si ella no tuviera libertad de elección, sería como una bestia y no un Adam
(hombre). Por medio de la aclaración por sí misma de la utilización de
la inclinación al mal, de la inclinación al bien, del poder de la
recepción, del poder del otorgamiento y de la elección con respecto a
la forma de avanzar con la mezcla correcta entre ellos, ella se
construye a sí misma como un Adam en semejanza al Creador. La conexión entre la inclinación al mal y
la inclinación al bien comienza desde el primer acercamiento junto con
el Creador a Faraón. La persona comienza a establecer estas dos fuerzas
uno en contraposición a la otra. Las dos fuerzas están bajo su
autoridad. Ella misma decide según su estado interno, cuál de ellas la
maneja ahora, puede incluso pasar de un control al otro control en el
hecho de que elige quién tiene el control sobre ella y por qué, si ella
es capaz de hacerlo o si requiere de la ayuda de la fuerza más elevada. Faraón quiere controlar y si la persona
está de acuerdo con la inclinación al mal que la separa del Creador,
entonces ella realmente está en el exilio de Egipto. Es decir, que le
atribuye algún tipo de control independiente a su inclinación al mal y
dice que no está dispuesta a resistirla y se encuentra en la servidumbre
completa a éste. Por supuesto, si la persona piensa de
esta manera, es una señal de que ella es esclava. Pero todo depende de
la persona misma. Ella decide y determina en qué forma Faraón la utiliza
o si ella usará a Faraón. Todo este trabajo fue para revelar que
no hay otra fuerza involucrada, como está escrito: “Yo, Yo mismo y no
un mensajero”. La persona aclara que el Creador está por encima de las
dos fuerzas, más allá tanto de la inclinación al bien como de la
inclinación al mal. Estas dos fuerzas vienen desde Arriba. A través de
las dos fuerzas, de la inclinación al bien, de la inclinación al mal
que se le revelaron a ella alternativamente, la persona llega a la
conclusión y a la decisión finales de que hay una fuerza más allá de
esto que juega con ella a través de estos dos ángeles: la inclinación al
bien y la mala inclinación. A veces una de ellas le llega a la
persona, a veces le llega la otra, es por esto que uno siente que es
arrojado de un extremo al otro en dos direcciones. Pero así se forma una
relación tanto con esa fuerza como con la otra fuerza y en última
instancia con el poder superior, con el Creador.

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