
El mal se creó a propósito en nuestras sensaciones, para que lo retornemos al bien. En realidad, no existe el mal. Nuestra percepción se voltea hacia adentro y debido a ello todo el bien que recibimos se nos aparece como el mal. Todo lo que es percibido dentro de nosotros se siente como mal, porque nos comparamos con lo que existe fuera de nosotros. Es decir, el mal es la división entre los demás y yo. El mal en sí mismo no existe. Es decir, este paradigma, este método de llenado egoísta, esta dirección hacia el interior es el mal. Tan pronto como lo cambiamos, inmediatamente desaparece y también nuestra sensación de todo el mal en el mundo.
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