
La esclavitud egipcia comienza con el deseo de José de unirse con sus hermanos, pero en su lugar se despliega el odio entre ellos. Ese es el punto donde entran a Egipto y lo venden.
José (el hombre justo, la base del mundo) es llamado el suelo, Sefirá, que conecta todas las Sefirót que le preceden, o “los hijos de Jacob”. Él quería unificarlos a todos, pero no lo consintieron; cada uno de ellos deseaba estar solo. Y José dice: “Tienen que unificarse en mí” ya que Sefirá Iesód enlaza dentro de sí todas las otras Sefirót; no tiene nada propio. Sin embargo, todas las otras propiedades en el hombre se opusieron, y por eso comenzaron a experimentar el exilio egipcio. En otras palabras, todo nuestro trabajo pertenece sólo a la unificación para la cual tienes a todo el grupo mundial así como al grupo local. Y cada uno de nosotros tiene oportunidades de avanzar tanto en los grupos físicos como los virtuales. Adicionalmente, todos han hecho ya una preparación para la unidad, pero no hemos sido capaces de tomar una decisión final aun.
Y puede ser que tengamos que tomar una decisión final cada instante que nada nos ayudará a menos que nos unamos, por encima del egoísmo personal de cada uno. Ahí, en el punto de nuestra unicidad, se encuentra la espiritualidad. Este minúsculo punto oscuro repentinamente se despliega y encontramos la entrada al mundo espiritual en el. Es un pasaje tan estrecho y apretado que hubiera sido difícil de creer que algo en realidad pudiera abrirse ahí. Es similar a dar a Luz. Primero, la entrada está cerrada, el embrión permanece dentro del vientre considerado como “Mem Stuma” (la letra “Mem” es la propiedad de Bina, cerrada en todos lados). Y sólo más tarde, cuando el enorme deseo de nacer está presente, esta letra “Mem” se abre en dos puertas (las letras “Dalet”, de la palabra “puerta” o “Délet”) sobre dos bisagras (“Tzirím” o “bisagras”, la palabra que también significa contracciones de parto), y así es como nace un bebé. Pero un momento antes, un neonato no tiene oportunidad de saber, o sentir, que el estado en el que está puede abrirse. Por lo tanto, es necesario un entorno fuerte. Presionará constantemente a cada uno de nosotros y nos asegurará una garantía; el poder del apoyo, la fuerza de despertar que me traerá siempre de regreso a la intención por la unidad.
Necesitas transferirte de un pensamiento a otro, una y otra vez. Qué puedes hacer si nuestro trabajo es hecho en pequeños pasos, como niños que crecen poco a poco y día a día. Pero un niño realiza trabajo, todo el día, para avanzar. Constantemente examina el entorno y a sí mismo: Cuán bien puede encajar en este y emplearlo, cómo desarrollarse, para obtener la máxima ventaja del entorno. Pero nosotros no hacemos lo mismo. No examinamos cada segundo cómo podemos usar nuestro entorno, cuál es la mejor manera de conectarnos a este. No deseamos unirnos y examinarnos: ¿Otorgamos al entorno? ¿Puedes hacerlo a cada momento como lo hace un niño? Y en eso consiste nuestro problema; es la razón por la cual nuestro progreso es muy lento. Nada nos detiene. Recibimos todos los instrumentos; todo está escrito para nosotros; todo está explicado; ¡y todo lo que necesitamos hacer es saltar dentro de ello juntos y sólo hacerlo! Y entonces cualquiera, incluso si está en el rincón más lejano de la Tierra, sentirá también que no puede actuar de otra manera. Sólo el esfuerzo común interno de todo el grupo mundial despertará todos los corazones. Nadie tiene otra oportunidad de seguir en el camino, de despertar inmediatamente y seguir hacia adelante. Esto es considerado una garantía mutua, donde todos le garantizan a cada uno que él rápidamente despertará y llegará al buen estado. Egipto no es tan necesario si pasamos juntos por este. El Creador organiza todo de manera que podamos soportar estos disturbios que son considerados como “el dolor del amor”, cuando sueño encontrarme con alguien que amo y anhelo estar con Él, anhelo por anticipado este encuentro que me espera. Y naturalmente sufro ya que aun no he llegado al encuentro y no nos hemos reunido, pero ya vivo esperándolo, en la iluminada anticipación del futuro. La única dificultad en este camino es la falta de unidad entre nosotros. Fuera de ello, no hay nada más.
Sin embargo, si deseo alcanzar la Luz de Jojmá (Sabiduría), necesito involucrar mi AHP, mis Kelím (deseos) receptores. En otras palabras, debo otorgar a otros; de otra manera, no seré capaz de emplear mi AHP. Debo recibir MAN de ellos lo cual como resultado me capacitará para canalizar la Luz de Jojmá hacia ellos. Por lo tanto, está dicho: “He aprendido mucho de mis maestros, más de mis amigos, y mucho más de mis estudiantes”. Después de todo, los estudiantes me traen sus deseos insatisfechos, y yo los elevo al Infinito, atraigo de ahí y canalizo a través de mí la Luz de Jojmá que ellos están pidiendo, y por lo tanto alcanzo.
La persona nunca alcanza la espiritualidad en sus Kelím, sino sólo al anexar los deseos de otros a los suyos. El puede emplear su AHP sólo si dentro de él, existe el GE de otro. Y el AHP de este último, en su turno, debe estar ligado a alguien más, y así sucesivamente. Ninguno de nosotros es libre. Todos los Partzufím espirituales son formados de esa manera hasta el mundo del Infinito. Tomemos el Partzúf de mi alma, por ejemplo (ver el diagrama de abajo). Su parte inferior reside dentro del Partzúf inferior, controlado totalmente por este. Y en la segunda parte de mi alma reside el superior. En otras palabras, con la parte superior de mi alma pertenezco al superior y con la parte inferior, al inferior ¿Dónde está mi yo entonces? Bueno, yo no existo. No puedo existir por mí mismo. Mi vida (y muy pronto comenzaremos a verlo en nuestro mundo global) está atada ya sea al superior o al inferior, a ambos, pero con seguridad no me pertenece. Si en mi parte superior me pongo completamente en manos del superior, junto con él, alcanzo en mi GE y su AHP en mí las diez Sefirót completas. Y por debajo, en mi AHP y GE del inferior, también alcanzo las diez Sefirót en pleno. Mediante esto, recibo vida.
Pero yo nunca tengo mi propio Kli excepto en conexión con el superior y el inferior. No poseo mis propias diez Sefirót o, para ser más preciso, no tengo ninguna Sefirá propia. Mi parte propia, la parte superior está siempre y totalmente atada al superior, mientras que la otra, la inferior, está totalmente atada al inferior. Y sólo en el medio puedo tomar una decisión de dividirme en esas dos partes. Esto es precisamente lo que ahora revelaremos como resultado de la crisis global. No hay otra conexión entre las personas, las naciones, los países, y todas las partes de la naturaleza. Estamos todos ligados como células de un solo organismo. Y si hacemos un esfuerzo para lograr esta condición, encontraremos una buena vida, y si no sufriremos. Esta es la ley espiritual que define cómo están conectados los Partzufím. Aprendemos esto en El Estudio de las Diez Sefirót.
Es necesario entender que nosotros estamos ante el Creador, la fuerza que es buena y hace bien y que ahí no existe nadie más que Él. ¿Qué pedirás de Él? El te trata bien cien por ciento y no cambia. ¿Qué pedirás, que El te trate bien 101%? Nuestra plegaria al Creador es considerada como el desarrollo de nuestros órganos sensoriales. Entonces, al arreglar nuestro deseo, moldeándolo constantemente en una forma más correcta, alcanzamos un estado en el que debemos conocer al Creador en toda Su totalidad, en Su forma autentica. Y a esto se le considera una oración, después de lo cual nosotros llegamos a conocer al Creador Nosotros no ordenamos ninguna acción del Creador. Después de todo, Él es “uno, único y unificado” y “no existe nadie más que El”. Puede decirse que Él actúa constantemente o no del todo, mientras que nosotros residimos en El y esto es; El no cambia. Todo depende de cómo veamos al Creador. De este modo, orar, en hebreo, significa “juzgarse uno mismo”. Nos juzgamos a nosotros mismos y debido a nuestra transformación interna sentimos otra nueva realidad. De ahí, nosotros siempre hablamos en nombre de los deseos (Kelím), mientras que la Luz, el Creador, está en absoluto reposo. Por lo tanto, una petición al Creador, refleja únicamente hasta qué medida me he corregido, adquiriendo nuevos órganos de percepción, en los cuales yo alcanzo la revelación de “No existe nadie más que Él, el bien que hace bien.” Y jamás se deriva ninguna acción del Creador como tal.
Al leer un artículo cabalístico, la persona necesita sintonizarse correctamente con su percepción. Ni una sola palabra en la sabiduría de la Cabalá habla de nuestro mundo, nunca. No existimos en este mundo. Es un mundo imaginario, no se tiene en cuenta para nada y no encaja con todo el sistema de los mundos. ¡Simplemente no existe! Por lo tanto, la Cabalá no habla sobre este mundo, el cuerpo físico del hombre, ni ciertos lugares geográficos: la tierra de Israel, el desierto del Sinaí, Egipto, o Babilonia. Sólo se ocupa de los estados internos que atraviesa una persona en su aspiración por alcanzar la corrección, el propósito de la creación. Si la persona tiene el punto en el corazón y se dirige hacia el propósito de la creación, en el camino hacia esta meta, comienza a experimentar los diferentes estados. La sabiduría de la Cabalá y todos los libros cabalísticos, la Torá, el Talmud, El Estudio de las Diez Sefirót, la Mishná y así sucesivamente, describen estos estados, estos grados en particular. Todos los libros espirituales, “sagrados”, hablan exclusivamente de “santidad”, es decir sobre cómo alcanzar el atributo de otorgamiento al cual se refiere como santidad. Por lo tanto, durante la lectura de estos artículos, necesitamos cortar por completo con todas las imágenes materiales con las que estamos familiarizados e imaginar solamente los grados espirituales, es decir, los grados de acercamiento o de alejamiento de la propiedad de otorgamiento. Ellos hablan sólo acerca de esto. Estos libros describen el deseo creado por el Creador, su estado en cada uno de nosotros, y nuestra experiencia en el camino en el que, desde nuestro estado actual, comenzamos a aspira al atributo de otorgamiento, al amor por los demás, que es llamado “santidad”.
Imagina que yo tengo un control remoto. Yo presiono un botón y active algún tipo de mecanismo. Actualmente hay muchos inventos que trabajan de esta manera. Sin embargo, si tú fueras a mostrar esto a una persona quien vivió hace 100 años, el pensaría que simplemente eres un ángel que hace milagros: Tú presionas un botón y de repente el vidrio se vuelve una imagen…Esto es, al usar el control remoto puedo activar varios sistemas. Por ejemplo, presiono un botón y tú, que estas mirando un pedazo de vidrio (una pantalla) comienzas a recibir toda clase de impresiones. Comienzas a llorar y después ríes, experimentas angustia y después gozo. Resulta que al apretar simplemente un botón, yo hago tal impacto poderoso en ti. Yo influí en un amigo. Los cabalistas dicen que cuando leemos El Libro del Zohar, es como si tú estuvieras agarrando el control remoto para todas las almas y ellas dependen de ti. Piensa ¡Como los despiertas! Esto es llamado “presionar un botón”. Si piensas acerca de esto, entonces tu “presionas el botón” y activas una influencia que hace que ellos comiencen a despertarse. Todo depende de cuánto deseas que esto pase y cuantas personas más aspiran a despertar a otros. Todos los esfuerzos deben ser tanto cualitativos como cuantitativos. Así es como nos despertamos unos a otros. Nadie puede despertarse a sí mismo. Cada persona puede alcanzar esta comunidad espiritual llamada “el grupo” solo para despertar a otros. De otra manera él nunca estará en contacto con el grupo. Esto es así porque el grupo es como Máljut del mundo de Atzilút.
Esa es una pregunta difícil. Yo no estoy acostumbrado a ver la Torá como un relato histórico. La corrupción que sucedió en aquella época, el pecado de Adám y todas las otras transgresiones que llegaron hasta hoy, siguen siendo la misma corrupción, y solo hasta ahora estamos empezando a corregirla. La razón para que sucedan tsunamis o terremotos, en el pasado o en el futuro, se debe a que nosotros estamos ocasionando un desbalance. ¿El Creador realmente prometió que los desastres cesarían? No. ¡El prometió que no habría un diluvio que arrasaría con todo el mundo! El diluvio significa que las aguas desbordadas llegan y se llevan todo, dejando solo el punto en el corazón. Eso realmente sucedió una vez porque una corrupción de tal magnitud tenía que suceder, pero no más. Actualmente estamos afrontando solamente la corrección. Pero si no nos corregimos a tiempo, nosotros mismos desencadenaremos los desastres que nos sobrevienen. Espero que seamos capaces de evitarlos, pero debemos sentirnos responsables por lo que está sucediendo. Después de todo, si la sabiduría de la Cabalá fue revelada, y sabemos que al construir nuestra interconexión corregimos al mundo, seremos capaces de prevenir las desgracias. Recuerden lo que el Creador le dijo a Abraham: “Si encuentro diez hombre justos en Sodoma, no la destruiré con un terremoto” Pero no habían diez buenas personas y por lo tanto ocurrió el terremoto.
Shamati #1, “Una granada”: La medida del llenado es cuánto puede uno ir por encima de la razón y esto es llamado Romemút. Existe sólo vacío en un lugar donde no hay existencia, como está escrito, “Cuelga la tierra sobre la nada”. Encuentras que ¿Cuál es la medida del llenado, del lugar vacío? La respuesta es, de acuerdo con la elevación de uno mismo por encima de la razón. Esto significa que el vacío debe ser llenado con sublimidad, es decir con por encima de la razón y pedir al Creador que le dé a uno esa fortaleza. Significará que todo el vacío fue creado, es decir que una persona viene a sentirse así, que él está vacío, sólo para llenarlo con Romemút (grandeza) del Creador. En otras palabras, uno debe tomar todo por encima de la razón. No sabemos qué es “fe por encima de la razón“. Es una separación total de todos nuestros cálculos. Recuerdo como tres o cuatro meses después de comenzar a estudiar con Rabásh, le pregunté, “¿Qué es fe por encima de la razón, ya que está escrito que una persona debe estar siempre en ella?” En esa época yo incluso escribí en mi mano que uno no debe olvidar pensar en fe por encima de la razón, incluso cuando no sabía lo qué era. Mientras que estaba sentado en el carro detrás del volante a un lado de Rabásh, miré lo que había escrito en mi mano y le pregunté: ¿Qué significa este concepto? En respuesta me dio un ejemplo que está, por supuesto, limitado por las fronteras de este mundo: Supón que un amigo te pidió prestados mil dólares y más tarde te regresa el sobre como si contuviera dentro toda la suma. Pero dentro encuentras sólo un dólar. Es decir, tu amigo dice que hay mil dólares dentro, pero de acuerdo con tu cálculo sólo hay uno ¿Dónde están los otros $999? Ahí es donde avanzas mediante la fe por encima de la razón. Es decir, alcanzas tal corrección (¡en lugar de sólo perdonarle la deuda a tu amigo!) que percibes este dólar como si hubieras recibido mil en lugar de uno, como si el amigo te hubiera regresado todo. ¿Pero cómo percibes los $999 faltantes? Esto es llamado la fuerza de la fe por encima de la razón. Es imposible entender lo que significa esto antes de tiempo. Sólo cuando esta fuerza se revela dentro de nosotros, como un resultado de nuestros esfuerzos internos, dentro de nuestros deseos, cuando cambiamos, entonces vemos que realmente podemos compensar el conocimiento con fe y esta fe es otorgamiento en lugar de recepción. En cualquier caso esto seguirá siendo confuso hasta que la persona adquiera esta cualidad.

Es mucho más fácil para la mayoría del mundo cambiar que para nosotros, ya que ellos no tienen libre elección. Tú tienes libre elección debido a que posees un corazón egoísta y el punto desde otro mundo. Existen dos fuerzas en ti y es por esto que estás en constante discusión y lucha entre ellas. ¡Esto te pertenece pero no todo el mundo! Ellos están bien: Cuando ellos se sienten mal, es malo, cuando se siente bien, es bueno, entonces ¿De qué mundo espiritual estás hablando? Sin estas dos fuerzas, no hay libre albedrío para elegir entre ellas; no hay trastornos ni descensos; no hay pensamientos de cómo moverse hacia adelante; no hay fe por encima de la razón ¿Razón y fe por encima de la razón? ¡¿Máljut y Bina por encima de esto?! La mayoría de las personas no tiene ninguna conexión entre estos dos mundos. La conexión entre ellos solo existe en nosotros, ¡en cada uno de nosotros! Este es nuestro problema y el resto del mundo no lo tiene. Por lo tanto, tan pronto como haces una elección, tú impactas a todas las otras almas que no tienen libre albedrío; tú “derramas” tu elección, tu deseo, anhelo en ellas y las llevas como un pastor que conduce un rebaño de mil vacas. Obviamente, es más fácil ser una vaca que un pastor ya que él tiene que saber el camino. Pero esto no depende de ti; tú tendrás que convertirte en un pastor.

Sólo puedes confiar en el entorno. El conocimiento es inútil. Estoy dispuesto a olvidarlo todo. Como dice el Talmud, la gente solía rezar para olvidar lo que ya había aprendido. Quiero empezar borrándolo todo, como un bebé que no tiene nada a su nombre. Que todo lo que sabía hasta el momento desaparezca de mi mente. Que aun mi corazón se vacío. Yo no necesito nada. Quiero empezar de cero, perder todas mis posesiones. Esa es la única manera de continuar el camino, comenzando nuevamente cada día. Parece que en los libros está escrito muchas veces, “Recuerda esto, debes saber que, no te olvides de eso”. Eso es cierto, pero en realidad, la persona avanza cuando él está listo para convertirse en “cero”, cuando no escucha la voz del momento presente. Por lo tanto, sólo el entorno sigue siendo nuestra fuente de apoyo invariable.
“El secreto”, es lo que no puedo descubrir aunque tengo claro que existe. Espero a las puertas de algo nuevo, antes de abrirlas y es allí donde estoy sintiendo “el secreto”. Además, sin relación conmigo, “los secretos de la Torá” son las Luces que están ocultas por Átik. Estas se encuentran en la cabeza de Árij Ánpin en la forma de una sabiduría oculta. Estas Luces están ocultas porque ahora no tenemos la cobertura para ellas, que nos permitiría revelarlas. Pero para mí no son un secreto, porque no las siento. El verdadero secreto es el velo que yo siento. Por ejemplo, el exilio, es un anticipo de la redención tan necesaria, pero que aun no hemos adquirido. En la misma percepción de este vacío ya siento los contornos del llenado futuro. Esto significa sentirse en el exilio: que entiendo, siento lo que quiero y solo me falta la realización. De igual manera es con “el secreto”: Yo siento que me falta la cualidad del otorgamiento, para que dentro de su Luz de Jasadím pueda yo revelar la Luz de Jojmá. El conocimiento que trae esta Luz se me oculta.
Entiendo que mi plegaria debe ser el llenar las carencias del amigo. ¿Cómo sé cuál es su carencia? La carencia es mi unión con el amigo y con todos. Cuál es esa unión, como triunfar en ella, esto lo revelaremos solos. La intención es que todos estemos unidos a una red la cual no tiene falla y debemos entrar en esa red, ser parte de ella, como un miembro que es parte del cuerpo y esto se llama entrar entre ellos.











Baál HaSulám, carta 10: Faraón se traga toda la Luz que comienza a descender para Israel (aquellos que aspiran al Creador) y así nos es dicho que “no había un esclavo que fuera capaz de escapar de Egipto”. Nuestro avance parece ser “negativo” ya que sucesivamente ponemos mucho esfuerzo y pensamos que estamos avanzando y alcanzando cierto éxito en el camino, pero de repente todo desaparece. Faraón mismo se traga “toda la Luz” y todo desaparece en el ego, sin dejar nada de nuestros esfuerzos. Este es un proceso acumulativo y nuestra frustración continua acumulándose y creciendo hasta que la persona comienza a sentir que él no puede trabajar más para su egoísmo, el cual se traga todo lo alcanzado por él. Tan pronto como él experimenta una pequeña inspiración, despertamiento, conexión con los amigos y disposición para caminar por este camino y elevarse por sobre esta vana vida, sin sentido, al siguiente día él no sentirá ningún progreso. ¿A dónde se va todo esto? Al levantarme en la mañana, ¿por qué debo comenzar desde cero otra vez o incluso desde más abajo? ¿Por qué tengo que subir desde el estado animado, si apenas soy capaz de comprender donde estoy, despertarme física y emocionalmente y comenzar a trabajar en la importancia de la meta una vez más para poder entender donde he terminado, para que y que pasa aquí? Este es el trabajo en el cautiverio del Faraón. No hay nada “accidental” en la espiritualidad, tampoco hay algunos “actos ciegos por parte de la naturaleza”. La naturaleza es la combinación de las fuerzas del Creador: ya sea por el lado de Su cara o por el lado opuesto, es decir el Creador y Faraón. Pero es aun una y la misma fuerza: “No hay nadie más aparte de Él” y nosotros estamos siempre presentes en sus dos influencias. No hay nada accidental o sin sentido en lo que está pasando con nosotros. Este es simplemente un cambio en el equilibrio entre estas dos fuerzas, para darnos la oportunidad de ejercer el esfuerzo. El Creador lo hizo intencionalmente para que Faraón nos esclavizara, borrara todos nuestros esfuerzos y nos mostrara nuestra naturaleza despreciable y desesperanza total en vez de alcanzar la meta. Y entonces, gracias a Faraón nosotros comenzaremos a necesitar del Creador.
Todo depende de cuáles sean estas intenciones. Faraón es una fuerza especial, el ego que se desarrolla en contra de la Luz. Esta es la reserva del egoísmo, el deseo de recibir, el cual debemos construir. En la sabiduría de la Cabalá, no existe “Faraón” sin “Israel”, es decir el esforzarse hacia el Creador dentro del hombre, que trabaja con el fin de unificarse con las otras partes y llega a otorgar. Por lo tanto en el grado de su aspiración hacia el otorgamiento, la persona construye al Faraón, cultiva sus deseos (Kelím) dentro de sí, de los cuales huye más tarde y los cuales corrige después de todo, siendo de tal modo recompensado. Todo el trabajo en Egipto se encuentra en organizar al Faraón y hacerlo más grande, más poderoso y rico, es decir, agrandar nuestro ego desde el punto diminuto de nuestro egoísmo natural hacia el estatus del Creador. Después de todo, ¿Qué nos da todo este egoísmo? Este nos da los deseos por comida, sexo, dinero, fama y conocimiento, un diminuto ego en nuestro mundo, un ego corpóreo, el cual no tiene nada que ver con la espiritualidad. Este ego terrenal ni siquiera necesita corrección. Al empezar a trabajar en nuestra unificación, descubrimos resentimiento, alienación, indiferencia a nuestra unicidad. Esencialmente, esta es la revelación del mal, pero sólo si una persona lo mira de esta manera. Después de todo, él puede decir que puede unirse con los otros y que este trabajo no es para él, incluso antes de que empiece el trabajo. Algunos empiezan y se debilitan, caen, y “mueren en la tierra de Egipto”. Pero existen aquellos que lo soportan, gracias al entendimiento de que no hay opción. Ellos se mantienen en esto, una y otra vez, incluso ven que continúan perdiendo. Y trata como pueden de unirse con los amigos, fortalecer el grupo, independientemente de sus esfuerzos, ellos ven que nada funciona. Por el contrario, experimentan un deseo de criticar a los amigos y los retiran de su presencia a todos. Y una vez más, superan este destello de egoísmo. Por lo tanto, una vez tras otra, todo lo que la persona ganó, todos sus esfuerzos, son consumidos por su ego, Faraón, el cual crece y se regocija. Una persona en sí construye todas estas propiedades dentro, a través de sus propios esfuerzos. Después, llega al estado en el cual no puede tolerar su ego por más tiempo. Y es en este momento cuando recibe las vasijas de Faraón (Kelím), deseos. En otras palabras, el exilio egipcio empieza solamente con el trabajo de la persona hacia la unificación con los amigos. De hecho, ¿Qué merece Israel después de huir de Egipto, cuanto el Creador los liberó de este? Ellos ameritan la unificación en el Monte Sinaí (el monte del odio), todos como “un hombre con un corazón”, si sólo por un instante, hasta que esculpieron el “becerro de oro” y cayeron otra vez. Pero estas caídas son de naturaleza diferente ahora, dentro del oro que llevaron de Egipto, las “vasijas egipcias” ellos las tomaron, con el fin de recuperarlas y reformarlas. Pero incluso, ¿Qué quisieron durante todos estos años de exilio? Ellos deseaban crear la unicidad entre sí que finalmente alcanzaron el Monte Sinaí. Y sin estos esfuerzos de cada momento para soportar el Monte Sinaí, los “400 años del exilio egipcio” no habrán pasado para ti.

El sentimiento de unidad se construye gradualmente en la persona a lo largo de muchos meses, hasta que ella empieza a sentir un cierto “gusto” en la unificación con los amigos y a encontrar algún tipo de realidad en ella. Nosotros experimentamos en nosotros mismos todas las acciones en el proceso en las que, durante millones de años de evolución, el grado vegetativo se formó a partir del inanimado, el animado del vegetativo y el humano del animado. Pero atravesamos estados similares a una velocidad enorme. Tú preguntas sobre el estado que aun no has obtenido. Está tratando de inquirir donde puede desarrollarse esta sensación de unidad, el sentimiento de unidad y de otorgamiento, cuando salgas de ti mismo, de tu ego. Pero en realidad nada es claro para ti. Este es un signo de alcance. Empiezas a aproximarte al estado en el que buscas y no sabes cómo encontrar. “Estoy buscando a mis hermanos”. Busco la unidad y no la encuentro. ¡¿Existe siquiera?, ¿Qué es?, ¿Cómo puedo asirme a ella?! Este es “el vacío antes de la revelación”. Ya estás parado en el umbral de esta. Y así es, siempre. La pregunta sobre el estado que no poseen es el estado mismo que la precede. Simplemente tienes que seguir adelante, dale tiempo a la Luz para que realice su trabajo. Si estás presente en el grupo, en las lecciones, haces difusión y haces todo lo posible, dale una oportunidad a la Luz para que haga el trabajo. Como se describe en la “Introducción al Estudio de los Diez Sefirót“, ítem 133: “Y sólo los héroes entre ellos, con su paciencia soportaron, derrotaron a los guardias y abrieron la puerta. Y fueron recompensados al instante al ver la cara del Rey, quien designó a cada uno de ellos en su lugar correcto. “¡Ten paciencia! Si se tarda diez años, que así sea. Otros diez, gran cosa. Aquellos que piensan que son inteligentes “saltan de la carroza”, en diez años ven que no tienen nada. Tú puedes decir: “¿Pero yo tampoco tengo nada, o sí?” Posees un gran deseo, comprendes que careces de unidad.
Podemos aprender la lealtad del Faraón hacia el Creador. El realiza su tarea al pie de la letra, fielmente y con diligencia. Es un verdadero siervo del Creador como ningún otro. De hecho, estamos tratando con una fuerza mecánica oculta en la naturaleza. En cada senda y en cada grado, en cada molécula y en cada átomo, en cada combinación y en cada relación, ella calcula como tomar posesión de todo lo que ella pueda tener. Es un programa interno único que trabaja en cada partícula de la creación, en cada sistema y en cada combinación. Eso es lo que es el “Faraón”: algo común, omnipotente y presente en cada deseo, en toda la realidad creada. No abandona a ninguna partícula de la creación ni por un segundo. Entre las estrellas y galaxias, en nuestro mundo y en los otros mundos, está este programa integral universal. Y esto es lo que tenemos que aprender del Faraón: un enfoque libre, comprometido y persistente hacia nuestras responsabilidades. Es más, en lugar del antiguo programa, debemos asegurarnos de instalar el nuevo. Además, esta actualización le pertenece al Faraón: Lo empleamos y bajo ninguna circunstancia lo eliminamos por inutilidad. Las actualizaciones espirituales siempre se instalan sobre el programa base que ya existía. Trabajamos sobre el Faraón, sobre nuestro deseo de recibir, reemplazando la intención egoísta por la intención altruista, mientras que el deseo del Faraón queda como lo que es. Tenemos la intención y el deseo de recibir, que es un sistema activo y preestablecido; eso es lo que existe. Y entonces, cambiamos esta intención hacia el otorgamiento, mientras mantenemos el deseo de recibir. De esta manera, entramos a la realidad espiritual, a la que será. Abajo esta el Faraón, arriba está el Creador y ellos se oponen entre sí. Y la transición se hace a través de la Luz.
Solamente a través de la unión podemos llegar a la revelación del Creador y la vida espiritual. Pero sin el entorno, yo nunca puedo imaginar correctamente la espiritualidad: como otorgamiento y amor hacia los demás. Necesito construir un entorno para mí, el cual me desarrollará en este deseo no natural, “artificial”: el anhelo de unirme con los otros. De hecho, esto es una mentira para mi ego, el cual no ve ningún beneficio en esta acción. Y cuando el entorno comienza a cultivar en mí este nuevo deseo y nuevos valores, solamente entonces yo descubriré que hay una fuerza que se opone a esta unificación: Faraón. Antes de esto yo ni siquiera podía imaginar que unirse fuera tan difícil. Yo no lo deseaba tanto, en su lugar, era más bien neutral a ello. Pero mientras más me inspira el entorno con esta idea, así como lo hace la buena propaganda, a aspirar a este objetivo artificial el cual yo ni podía sentir anteriormente, más comienzo a sentir los obstáculos en mi camino, la fuerza especial que impide la unidad. Esta fuerza está dispuesta a ofrecer cualquier cosa que tú quieras, todos los placeres de la vida en este mundo. Ella me pide: “¡Dime lo que quieres!” Dinero, honor, poder, conocimiento, viajes, cualquier placer que tu corazón desee. Considera las nuevas formas infinitas que la humanidad ha encontrado para satisfacerse en estos años recientes, las cuales no habían existido previamente en siglos de nuestra historia. Hoy en día nosotros producimos entre 30 y 40 veces más de cualquier tipo de bienes que no tienen ningún propósito práctico. Cada 6 meses o cada año me veo forzado a cambiar mis cosas por nuevos modelos: computadoras, ropa, y así sucesivamente. Estas cosas oscurecen el cuadro real, y es todo el trabajo del Faraón, solamente al nivel corporal y bestial. Pero cuando alcanzamos el deseo de unirnos, la verdad, el implacable Faraón se revela, drenando todos nuestros esfuerzos y tornándolos en su propio beneficio. Esta fuerza se revela a sí misma, dispuesta a darme todo lo que quiero. ¡Todo menos unidad! Y es aquí donde comenzamos a entender la meta del Faraón y por qué él esta incondicionalmente en contra de la unidad, en particular. Primeramente, él quiere que sintamos la necesidad por el Creador, la fuerza superior, para ayudarnos. Y segundo, él quiere que nuestro deseo por la unidad crezca a su máxima expresión, a todo su potencial, lo cual nos elevara a las alturas del Creador mismo.

