
La plegaria por la sociedad es la aspiración de otorgar unos a otros, la cual nace en la persona. Al principio, siente que sólo su grupo, sus deseos internos, es “el otro”. Pero luego se da cuenta de que el mundo entero está unificado y lleno con la Shejiná, la presencia Divina. Y entonces el mundo espiritual, la realidad superior se le revela. Ahora comienza a entender porqué tuvo que pasar por el odio. Así es como fue arreglado su proceso de desarrollo desde Arriba. En lugar de fortificar su egoísmo a través de la sociedad y usar a los otros para su propio beneficio, tuvo que venir al grupo para rebajarse, para inclinarse ante la fuerza escondida en la sociedad, para desarrollar el deseo de conectarse con esta fuerza de otorgamiento, unirse con esta, y simplemente entrar en ella. Esa es la plegaria de los muchos ya que él pide paz para esta sociedad, es decir que aspira a alcanzar la propiedad de otorgamiento, hasta que establece tal conexión con esta sociedad que no queda ninguna diferencia entre ellos, y se funden en un todo. Cuando la persona adquiere la forma de la sociedad, se une completamente con esta, esto significa su unidad, ” acoplamiento de golpe” (Zivúg de Hakaá) ya que al final, esta unidad trabaja en contra de su egoísmo. Él golpea su ego para unirse con otros y en ese grado construye sus Partzufím espirituales, las formas de unificación, y adquiere las propiedades del Creador. La forma que concibió en su cabeza ahora se vuelve realidad en él; se esparce en su “cuerpo”, lo llena, y asume la forma del Superior. Al recibir la intención “por el bien del otorgamiento” y vestirse en la Luz de Jasadím (Misericordia), el deseo de disfrutar se vuelve adecuado para recibir satisfacción, la Luz de Jojmá (Sabiduría): la forma del Creador. La Luz de Jasadím carece de forma; se extiende en amplitud, como el obsequio de una “mano generosa”: para todos y sin restricción. Pero cuando la Luz del placer, Jojmá, comienza a vestir el deseo, le imparte una cierta forma de otorgamiento llamada “el nombre del Creador”, la forma del Superior. Así, en virtud del Zivúg de Hakaá el hombre alcanza al Creador.
Por una parte, la naturaleza me trata amorosamente. Incluso si no puedo percibirlo a simple vista, al penetrar un poco más profundo, puedo ver su verdadera actitud. Las personas cercanas a la naturaleza sienten que es enteramente buena. Al mismo tiempo, externamente es muy dura, similar a un padre amoroso pero exigente que escrupulosamente lleva al niño a través de las fases de desarrollo. Así es como debemos ver lo que está sucediendo. De otra manera no entenderemos el bien, el mal y sólo nos confundiremos. Si quiero sentir a la naturaleza de esta manera, entonces debo rechazar la externalidad y sumergirme dentro. Precisamente a partir de la actitud externa de la naturaleza, que me parece negativa, debo comenzar a desarrollarme basado en la revelación del mal. En realidad la naturaleza me está mostrando un negativo de mí mismo. Al corregirlo, entraré al interior y sentiré su amor. Todos los fenómenos externos negativos están destinados a mostrarme qué debo corregir para alcanzar el amor. Es exactamente como los padres educan a un niño: El padre lo observa con una mirada estricta y la madre está nerviosa. Es muy difícil reconocer su amor. Pero este es el discernimiento con el que tengo que ser muy sensible mientras desarrollo la sensación interna de la revelación del mal. Tal vez no me doy cuenta de lo negativo. Los padres sólo me están dando indicios, pero no entiendo qué quieren de mí o tal vez no siento que necesiten algo de mí en absoluto. En su lugar continuó divagando. Entonces ellos me lo dicen directamente, pero aun así no los escucho. Al final, tras todas las persuasiones y advertencias, comienzan los problemas y eso es algo que entiendo muy bien. “¿Por qué no me dijiste eso desde un principio?” preguntó. Este es el problema de todos y de cada uno de nosotros por separado, una falta de sensibilidad. Si sintiera ahora de lo que carezco para discernir el amor de la naturaleza, entonces me corregiría inmediatamente. Por lo tanto, tenemos que cuidar sólo de una cosa, de nuestra receptividad a la revelación del mal entre nosotros y al amor que viene del Creador. No nos hacen falta ejemplos. Abre los ojos y los verás ¿Entonces que nos obstruye el camino? El problema es que el mundo no nos imbuye con una actitud básica hacia la bondad. Necesito una sociedad o entorno en el cual revelaré la bondad y la compare con mi propio mal. La realización del mal comienza en el momento en que una persona siente que es peor que los que lo rodean. Él los ve como interconectados y unidos por el amor de los unos a los otros, pero no puede unirseles y sentir que comparte esa unidad. Esta separación es el mal que una persona tiene que revelar y corregir. Al tomar consciencia del mal y tratar de corregirlo, la persona descubre que no tiene ni un mínimo al que aferrarse o el menor acceso. Ve claramente que los amigos están unidos y él está separado de ellos y no ve ninguna oportunidad de unirseles, al no tener ningún respiradero hacia su unidad. Para eso necesita la Luz que reforma. Sólo la ayuda del Creador lo salvará. Ahí es donde finalmente entramos en contacto con la unidad de Israel, la Torá y el Creador.
Muchas personas piensan que la espiritualidad es un método común para realizarse uno mismo. La persona piensa que muy pronto el Creador se revelará a él, y entonces será capaz de tener todo el mundo a sus pies. Pero es una idea falsa, porque en verdad, la espiritualidad es el otorgamiento. En otras palabras, soy llenado no por lo que se me reveló, sino más bien, si me abro correctamente, si me lleno de otorgamiento. Después de todo, la Luz no entra en la vasija (Kli), deseo, directamente, sino que sólo se viste en la Luz Reflejada. Por lo tanto, debo ser un otorgante y disfrutar del otorgamiento. Pero, ¿cómo puedo lograr eso? Para lograr esto, la persona necesita el entorno que lo influya para que pueda pensar que el otorgamiento es una propiedad muy profunda, una propiedad exaltada, que es llenado. Todo el mundo debe elevar el valor del otorgamiento a los ojos del amigo, pasando de tal modo su parte de la garantía mutua a él. Y entonces, gracias a su conciencia de la importancia de este objetivo, la persona recibe la iluminación que le ayuda en el progreso espiritual. Pero además de eso, la persona debe entender que es un juego, ya que desde su condición actual, no puede ver la meta. Y por lo tanto, todo este trabajo se considera como ascenso al estado que por ahora no está claro, imperceptible para él, opuesto a lo que es capaz de comprender hoy en día. En otras palabras, la persona siempre debe pensar en la importancia de una meta falsa. Pero es falsa sólo para él, ya que se opone a su deseo egoísta. Por lo tanto, el entorno debe educar a la persona, darle la escala correcta de valores, y ser bastante fuerte para reemplazar a su naturaleza egoísta. En cuanto a la persona, debe ayudar a su entorno, haciéndose pequeño ante él, sometiéndose a él, y literalmente disolviéndose en él. Entonces él será capaz de recibir la importancia de la meta, a pesar de su ego que se desarrolla en él más y más. De lo contrario, no será capaz de avanzar, ya que hay dos fuerzas que participan en él: la fuerza que rechaza y la que atrae. La fuerza de rechazo, la resistencia, viene de forma natural: es su ego. Y la pregunta yace sólo en esto: si uno se las arregla para oponerse a la fuerza mayor en valor, la fuerza del entorno que le atraerá a la espiritualidad. Por lo tanto, todo el mundo debe estar preocupado con la forma de organizar el entorno adecuado para uno mismo. Esto es lo que está implícito en lo que Rabásh describe como: “Nos hemos reunido aquí para elevarnos al grado de hombre”.
El en camino espiritual, nosotros experimentamos fases de desarrollo y al mismo tiempo, desarrollo creativo. Es lo mismo en nuestro mundo: No solo de pan vive el hombre. Nosotros no solo alimentamos a los niños para fortalecerlos, tampoco los valoramos únicamente por el peso que ellos ganan. Mas bien, el factor más crucial es la extensión en la cual un niño se convierte un ser humano: uno que es comprensivo, perceptivo, receptivo, deseoso y dirigido hacia lo cualitativo más que a los logros cuantitativos. Es decir que el niño crece. Es una tristeza si a él se le priva de esto. Es lo mismo en la espiritualidad. ¿Es realmente posible que te evalúes a ti mismo de acuerdo con el número de horas pasadas en el estudio? No, nosotros requerimos crecimiento cualitativo para que nuestros deseos y pensamientos se enfoquen más y más en el principio de “Israel, la Tora y el Creador, son uno”, en la meta de nuestro crecimiento. La naturaleza imparte en nosotros desarrollo determinante y nos obliga a aprender a relacionarnos con todo lo que hacemos en la vida con determinación. Y esto significa que tenemos que definir por nosotros mismos como es que debería ser una persona. Después de todo, un hombre sabio mira a la distancia. Si nos desarrollamos con determinación, necesitamos entender que es lo que quiere la naturaleza. La naturaleza nos demuestra integridad, interconexión, la integridad de todas las partes, un desarrollo constante. Y así, nosotros también debemos distinguir las etapas en nuestro desarrollo, aceptándolas como deseables. Hoy, requerimos de una educación correcta para ambos, padres e hijos. Debemos entregar los principios básicos a todos: constante auto perfección, apuntar hacia la unidad, a la bondad de la conexión cualitativa y cuantitativa entre nosotros, elevarnos de manera natural como resultado de la relación, unidad, armonía y homeostasis con la naturaleza. Si nosotros mismos nos comportamos de esta manera y si comenzamos a enseñar esto a la generación joven, si damos pasos continuos hacia la unidad, si nos acercamos mas y nos comprendemos mutuamente hasta amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos se vuelva una norma, nos moveremos aun más cerca de la meta. Nuestra educación tendrá un propósito. Mientras nos desarrollamos y experimentamos estados que contradicen nuestro egoísmo, debemos entender que el fin de la acción yace en el pensamiento inicial. La naturaleza ha puesto la meta final: Debemos unirnos unos con otros. Y porque no hay otro camino, necesitamos educarnos a nosotros mismos y a la generación creciente con el método de la unión. De otra manera, en lugar de nostalgia hacia una fruta dulce, nosotros estaremos más sumergidos en la amargura de las fases previas a la maduración.



Tú y yo no fuimos creados por accidente. El Creador quiso que la creación se vuelva como Él y todo lo que nos pasa está moviéndonos hacia esta meta. Por lo tanto, a lo largo de este camino tenemos que darnos cuenta que estamos divididos, separados y que nos odiamos unos a los otros. Sin embargo, recibimos la fuerza para unirnos por encima de ese odio, el cual se incrementa gradualmente más y más. Es así porque no podemos sobreponernos y elevarnos por encima de todo el odio reinante en todos nosotros a la vez. Pero si podemos superarlo poco a poco, paso a paso, entonces adquiriremos la cualidad del otorgamiento, la atención mutua, el cuidado, la cualidad de Bína que no nos permiten hacerle a otro lo que odiamos. Después de eso alcanzamos el amor al prójimo, “como a nosotros mismos”. Es por eso que toda la ciencia de la Cabalá, la cual es llamada la ciencia de la verdad, sólo habla sobre la unidad. Es porque dentro de la unidad, nosotros, la gente, alcanzamos las cualidades del Creador. Si las personas se reúnen y se unen en un deseo para multiplicar las fuerzas de cada persona, le dan a los demás la garantía de que a través de sus esfuerzos comunes pueden llegar a la meta deseada y obtener una mayor confianza, a esto se le llama, “una sociedad de payasos y mentirosos”. Es así porque piensan que a través de su unidad serán capaces de obtener un mayor beneficio egoísta. Por lo tanto, la oración común actúa destructivamente y los separa de la meta. La persona tiene que entender que se une con otros sólo para discernir la forma de ascender por encima de su naturaleza. No para recibir una fuerza mayor de la sociedad o para satisfacer las exigencias de su egoísmo, sino para entrar en el interior de esta sociedad y comenzar a otorgarle a ella. Esta es la única fuerza que debemos buscar. La fuerza de otorgamiento a la sociedad proviene de la Luz, del Creador, de lo que está oculto en el interior de las relaciones de la persona con la sociedad, con el grupo. Es decir, el grupo debe estar compuesto por personas que se unen precisamente para alcanzar al Creador, la cualidad común de otorgamiento. El Creador no existe separado de su creación. El atributo de otorgamiento común no existe a menos que haya una persona que lo revele. Por lo tanto, si una persona se incluye en el grupo que aspira a la cualidad de otorgamiento y allí ella desea encontrar esa fuerza, alcanzar esta cualidad, empieza a entender a partir de su unidad con los demás que este cuidado por la sociedad, dentro del cual el atributo de otorgamiento existe, o el cuidado por el Creador, que es lo mismo, es la oración de la sociedad.
Tenemos que unificar Israel, la Torá y el Creador como un todo (La persona que se esfuerza directamente hacia el Creador, la Luz y el Creador). Cada parte debe esforzarse para unificarse con los demás para que al final, esta pueda otorgar a la Luz. Es así como en el principio, la Luz era la única que otorgaba, al dotar a Máljut con la sensación de Su amor, la provocó a todas las acciones que inició con la Primera Restricción (Tzimtzúm Álef) y se desplego además hacia abajo. Pero cuando, después de todas estas correcciones, Máljut vuelve al mismo estado de perfección, de plenitud, unicidad, en su amor y otorgamiento a la Luz del Infinito, llegamos a ver que todo eso es sólo una criatura que ha pasado por todo tipo de “dificultades”. Estas “situaciones difíciles” son consideradas como los “mundos”, de la palabra “ocultamientos” en hebreo. Son ocultamientos en el perfecto estado del Infinito, para retirarse de esa sensación de llenado, someterse a todo tipo de experiencias interiores, impresiones, decisiones y guerras, para construir dentro de una relación idéntica con la Luz mientras pasa por los estados de separación, luego se acerca de nuevo al mundo del Infinito y llega finalmente a un abrazo, o adhesión completa. En todo este proceso, hay infinitos detalles, cada uno de los cuales está relacionada con el principio y el final del proceso. Después de todo, también nosotros participamos en este enredo de sentimientos que Máljut experimenta, causados por la colisión de la Luz, la vasija, el placer y el deseo, la fuerza del Creador y la de la criatura. Pasamos a través de los mismos estados de forma individual, como partes de Máljut, por lo que al final nosotros debemos experimentarnos como una sola alma. Después de todo, sólo hay una criatura: Máljut del mundo del Infinito. Cada uno de nosotros debe unificarse con todos los demás, después de haber superado esta terrible pesadilla y nuestra separación ilusoria, este ocultamiento de un estado perfecto y eterno. Entonces, todo el mundo verá que él o ella están incluidos en todos los demás con sus sentimientos, pensamientos, amor y otorgamiento. Por lo tanto, necesitamos hacer todo lo posible para agilizar el despertar de este sueño. Está escrito que el Creador nos traerá de vuelta “fuera de Sión”, lo que significa que hay una salida (Ietziá) a partir de esta realidad, de este sueño. Entonces, veremos que estábamos en un estado de ensueño y nos unificaremos en una sola alma. Espero que la próxima convención nos ayude a hacer un gran salto hacia adelante de manera que despertaremos y nos sentiremos como una sola alma.
El problema está en que la persona entiende que sus intenciones son egoístas, pero está dispuesta a tolerarlo. Simplemente ve hasta qué punto son feas, pero no entiende el daño que estas le hacen. ¡Este es todo el problema!, ¿ si simplemente reconozco que soy un egoísta, que pasa? Tengo que sentir como esto me mata, solo entonces podré separarme de mis intenciones egoístas. Mi propio ego me alejará de algo que me perjudica. O sea, al principio me alejo de mis pensamientos egoístas gracias al egoísmo mismo. Esto significa que Faraón acerca a los hijos del Israel al Creador.
Entre el Creador y el ser creado, la Luz y la vasija, el deseo de otorgar y el deseo de recibir placer, existe la ley de equivalencia de propiedades, de forma. Sólo si hay similitud entre ellos puede el ser creado sentir al Creador, aproximarse, y tocarlo. ¿Pero qué puede hacerse si la criatura es creada como opuesta al Creador? En realidad, la materia de la creación es el deseo de recibir placer. Pero este deseo puede cubrirse con “vestiduras”, “intención“, que recibe de Arriba y trabajar con esta materia “por el bien del otorgamiento”. Entonces, se ajustará a la Luz de manera precisa. El deseo de disfrutar contiene 613 deseos individuales dentro, y debemos reformarlos todos de manera que, en lugar de un simple deseo de recibir placer, prefiramos disfrutar sólo el otorgamiento como lo hace el Creador, la Luz. Tal transformación de cada deseo, añadiendo la vestidura “para otorgar” a este, se considera que llevar a cabo una Mitzvá (mandamiento). Es decir, al reformar los 613 deseos, llevamos a cabo las 613 Mitzvót. Es posible corregir el deseo solamente mediante la fuerza de la Luz que lo creó. Si anhelamos el otorgamiento, somos traídos a un grupo cabalístico donde podemos realizarlo. Y ahí, descubrimos que somos incapaces de otorgar y estamos totalmente en contra de la unificación. Es decir, se nos muestra nuestra verdadera substancia: el deseo de recibir placer. En este caso, al estudiar juntos podemos encontrar la Luz que Reforma llamada “la Luz interna de la Torá”. La parte externa de la Torá son los textos cabalísticos originales donde esta Luz es revelada. Y gracias a mi deseo de ser reformado, al leer juntos esos textos, atraemos la Luz hacia nosotros. La Luz nos revela un mal más grande de manera que tengamos un deseo incluso más grande de deshacernos de este, descubrimos que no podemos hacerlo por nuestra cuenta, y deseamos unirnos con la Luz. Así que duplicamos nuestro deseo por la Luz. Primero, pedimos a la Luz que nos reforme hacia el otorgamiento. Y más adelante, pedimos usar este otorgamiento para aferrarnos a la Luz, llegar al abrazo, la adhesión, que fue el propósito inicial de la creación. La persona que desea tal corrección es considerado “Israel” de las palabras “directo al Creador” (Iashár-El). Si estudia en el grupo y anhela unirse con los otros, recibe una fuerza de la Luz que los unifica y los reforma. Esta fuerza es considerada la Luz de Jasadím (misericordia). Llena el espacio entre ellos, y en lugar de odio, comienzan a sentir unidad y amor, mientras sienten dentro de esta unidad la Luz misma, es decir, experimentan al Creador. Así, el deseo de disfrutar adquiere las “vestiduras” del otorgamiento y descubre al Creador allí dentro. En otras palabras, ¡Necesitamos asegurarnos de obtener las “vestiduras” para nuestra alma! Existen muchas de tales vestiduras, los 125 peldaños de nuestra unificación interna. Necesito develar el odio ciento veinticinco veces, seguido por la unidad, seguido por el odio, seguido por la unidad, incrementando así constantemente mi receptividad. De tal modo nos corregimos, recibiendo más “vestiduras” luminosas para el alma, hasta la última corrección. La Luz, que se viste en nosotros, también se vuelve más exaltada y brillante en sus matices.
Todo depende de la preparación de la carencia, Todo depende de la preparación de la carencia correcta en la forma correcta. Estamos ante un evento alegre, mientras nos preparamos para él disfrutamos ya de las Luces futuras que recibiremos de él y recibimos de esto la emoción. El éxito del congreso depende de la preparación de la carencia. ¿Que vamos a corregir? ¿Qué ganamos con esto? ¿Cómo vamos a participar? Debemos imaginarnos que ya estamos ahí, como un niño que se imagina que será y de esto crece. Es obligación. Si la persona no se encuentra con la expectativa de lo que sucederá, inclusive si está con preocupaciones, miedos, no con entusiasmo y alegría, si no prepara la carencia, no ganará nada.
• No debemos esperar a que la naturaleza, nos ponga en unas pinzas y saque de nosotros una forma nueva. Sino que queremos construir artificialmente el modelo adecuado de desarrollo con respecto a la naturaleza, como una incubadora que atiende a los niños. • Los nombres principales de la Torá - Abraham, Jacob, Esaú, Ismael, Moisés, etc., son los elementos del sistema espiritual. Cada elemento tiene una especificación propia en forma de pueblos, grupos, todo tipo de conexiones. En total se trata de características que la persona descubre dentro de sí misma. • Un niño que se describe el futuro, crece gracias a ello. Por lo tanto, si la persona no tiene expectativas, no prepara carencias, preocupaciones y ansiedades entonces no gana. Uno debe estar en la expectativa - ¿Cómo ocurrirá, cuándo, cómo me admiraré, cuando voy a participar – cuanto más sea posible – esta es obligatorio para ser grande. Si a los niños no se les da por naturaleza, no podrían crecer. A nosotros los adultos se nos ha dado como el libre albedrío – buscar en el entorno la grandeza de la Meta y así uno crece. Si no aprendemos de los niños pequeños, si no ponemos estas medidas en la práctica, sería una gran pérdida en la vida. ¿Qué es lo que tenías? Estabas vivo? Es una pena... ya paso. • "No hay mejor que el experimentado","¿Quién es sabio?, quien prevé el futuro". Pero, ¿cómo podemos ser inteligentes si todavía no predecimos el futuro? Tenemos que aprender de los ejemplos que nos dan los sabios de la Cabalá, recoger todos los estados por los que pasamos con nuestra pequeña experiencia en el camino espiritual y entender que todo viene poco a poco – en declinaciones, elevaciones, con un poco de amargo y un poco de dulce y que todo nuestro crecimiento es el resultado a la superación del estado de la amargura de nuestra fruta, hasta que empecemos a reconocer en él lo que significa ser dulce. • Tenemos que convertir el amargo en dulce – hacer crecer la característica del otorgamiento por encima de la característica del recibimiento– esto significa endulzar el primer estado y estas son las etapas de la maduración de la fruta. • Tenemos que ver en cada estado nuestro, no el crecimiento en cantidad, sino en cuanto nos mejoramos en calidad. Y que todo lo amargo lo convertimos en dulce. Una vez que entendemos que todo lo amargo que recibimos es para que lo venzamos, de tal manera trabajamos por encima de él. Así que justamente desde esa misma amargura que crece, se convierte más y más el dulce dentro de nosotros hasta que llegamos a la madurez de nuestro Kli (vasija). • El proceso de la corrección requiere que nos refiramos a todo lo que hacemos en la vida – incluso en nuestra educación – hacia La Meta. Por lo tanto de acuerdo a esto tenemos que determinar cuál es la forma deseada del Adam (humano). ¿Qué es lo que quiere la naturaleza? Élla se presenta como entera, integral, relacionada con todas sus partes, la cual se desarrolla cada día y en cada momento. Entonces debemos ver también en nuestro desarrollo las mismas etapas y verlas como deseadas. Tenemos que entregar esto a la generación más joven, también a los grandes - porque nosotros tampoco no pasamos todas las etapas correctas en nuestro desarrollo. • Nuestra educación es que tenemos que mejorar día a día, conectarnos más y aumentar la cantidad de conexiones entre nosotros. Ver en la conexión lo deseado, lo extendido en armonía con la naturaleza. Y si nos comportamos así y acostumbramos también a la generación más joven – cada vez avanzar hacia la conexión, a la participación, a la identificación y al diálogo de "ama a tu prójimo como a tu mismo" - así los veremos más y más acercándose a la Meta. • Tenemos que construir un entorno que le muestre a la persona el estado final, que lo tenga como un ejemplo. Que le dé a la persona buenos valores y ejemplos de lo que se llama la dulce fruta a la cual debemos llegar. Si construimos tal forma de entorno podemos estar seguros de que la persona avanzará de forma correcta. • Todo depende de la preparación de nuestra parte - si lo deseamos, y a continuación vemos la actitud de la naturaleza hacia nosotros como un juego de ella conmigo, como un dialogo. Esto significa que nosotros precedimos a nuestro desarrollo y la persona se convierte supuestamente en el conductor. • La persona no tiene que crecer como una persona, sino como un "árbol en el campo", lo que significa que absorbe y se construye a sí mismo del entorno, el entorno es el que determina, el anterior y él tiene que integrarse en este. Tenemos que ver a toda la humanidad como sólo un mecanismo, así la persona se verá a sí misma no como que crece fuera de este mecanismo, sino que crece y se integra en el.






Tienes que sumergirte completamente dentro del grupo y revelar una red interna de 





La mayoría de las personas se encuentran aun en grados primarios de desarrollo, prematuros y aun no están capacitados para llegar al estudio. No pueden aferrarse. Lleva tiempo hasta que se logra conectarse a las palabras, para que estas tengan sentido. Nosotros debemos organizar acciones que producen conexión en forma y nivel que es posible conectarse a ellas, como picnics y banquetes. Obviamente que se puede introducir en estos encuentros también estudio y formas diferentes de conexión, pero principalmente aumentar los encuentros mismos. Quizás conviene hacer algún tipo de centro cultural, al cual lleguen las personas a escuchar una conferencia, por ejemplo sobre educación de niños, o actividades que le den gusto a nivel mundano, que puedan conectarlo a sus vidas. De a poco, con el tiempo, se irán incluyendo a nosotros, pero al menos que estén aquí junto a nosotros y no en casa.
