
Necesitamos esos deseos para existir fuera del mundo espiritual. Ellos nos dan la oportunidad de ascender sin depender del mundo espiritual, sin que seamos sobornados por él. Ellos nos permiten vivir sin “favores espirituales”. Continuamente decidimos si debemos unirnos con nuestros prójimos, con el grupo. A veces queremos dejar todo y salir, realmente tenemos esa oportunidad. Por otro lado, si sólo tuviéramos deseos relacionados con el grupo, seríamos similares, por ejemplo, a las hormigas. Sin tener nada más, viviríamos la vida de la sociedad involuntariamente y volveríamos nuevamente a estar en el nivel animado, en el nivel del cuerpo. Sin embargo, yo vivo en mi cuerpo y puedo aspirar o no a la espiritualidad. Esto me permite ser una persona espiritual, porque llego a la forma del otorgamiento por mi cuenta, a pesar de mi deseo natural inicial. El Creador hizo la inclinación al mal en mí, para que mediante su superación, me convierta en una persona libre. Y yo decida si quiero esto o no por mi propia y libre elección. De lo contrario viviría en el mundo espiritual, pero en el nivel animado. Yo sería un “ángel”, un “animal espiritual” que ama a todos por instinto.
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