
En esencia, no tenemos nada más qué aprender excepto el concepto de Arvut (Garantía mutua). Toda nuestra vida y todo lo que puede ayudarnos en el camino hacia otra vida, hacia otra existencia, todo se alcanza con la vasija llamada “Arvut”. El Creador nos creó con un deseo egoísta de recibir. Este deseo se siente a sí mismo, así que somos, al fin y al cabo, vasijas de sensaciones. Antes de mi llegada a Rabash, había estudiado las fuentes cabalísticas por algunos años. Empleaba métodos usuales, racionales y trataba de entender el material a través del intelecto como se acostumbra en otras ciencias. Después de todo, la sabiduría de la Cabalá es una ciencia. Pero Rabash me dijo que en Cabalá, todo se trata de las sensaciones. Continué estudiando con Rabash y mantuve el enfoque científico: Usaba mi intelecto, pero lo usaba en las emociones. La sabiduría de la Cabalá investiga la Luz, bondad, placer, paz y movimiento, la superación y la cercanía o el alejamiento. Y todo esto nos dice qué está sucediendo dentro del deseo. Aun cuando nuestro trabajo es calibrado de acuerdo con varios parámetros, sólo es con el fin de comprender y sentir algo dentro del deseo. Todo nuestro desarrollo tiene una naturaleza emocional y está determinado sólo de acuerdo a la medida en que penetramos dentro de nuestras sensaciones. Por supuesto, las sensaciones son acompañadas por la razón porque necesitamos desarrollarnos intelectualmente, conscientemente. Cuando sentimos algo, necesitamos saber cómo medir esta sensación, estar conscientes de qué tipo de sensación es: ¿La percibimos como externa o interna, es imaginaria, cómo es posible examinarla y cómo pasamos de las normas y valores actuales a otros valores, más reales? Necesito comparar una con otra objetivamente, fuera de mis sensaciones y entendimiento actuales subjetivos, lo cual es llamado “por encima de la razón”. Comienzo a entender que la “razón” es una vasija para la emoción, llena con la Luz de Jassadim (Misericordia) y con la Luz de Jojma (sabiduría). Cuando la Luz de Jojma llena mis vasijas, mis emociones, me da los hechos y la Luz de la fe me permite ampliar este “material de facto” en mí. Pero de esta manera o de la otra, son percibidos dentro de la sensación. Si la persona penetra un poco más profundo dentro de la esencia de su percepción de este mundo, entiende que todo depende sólo de la sensación. Somos sistemas análogos, no digitales. Cuando estuve en el ejército, descubrí para mi sorpresa que en los Jets F15, los paneles de instrumentos estaban llenos de agujas indicadoras, a pesar de que para el equipo en tierra se usaba un panel de control digital. Los expertos entienden que el hombre es un sistema análogo. Rápidamente puede identificar situaciones, pero no dígitos. Cuando da un vistazo al “panel de control”, inmediatamente comprende su imagen general. Cuando se trata del valor de los números, tiene que traducirlos en su interior hacia alguna sensación, mientras que la aguja en el tablero automáticamente le inculca esta sensación. Entonces, somos criaturas sensitivas y toda nuestra vida está construida en base a sensaciones. Incluso si medimos nuestra vida de acuerdo al dinero, poder, o control, al final, todo esto es sólo para llegar a una conclusión correcta: necesitamos desarrollar nuestras vasijas reales, las vasijas de sensaciones. Los políticos, burócratas, o tecnócratas que usan el enfoque científico, racional, “digital”, nos parecen bastante respetables. Es como si no fuera digno de ellos desarrollar sensaciones. Sin embargo, los tecnócratas son muy limitados. Aún no se han movido de sus simples cálculos personales, tal como “dos multiplicado por dos” hacia la esencia de esos cálculos. Al experimentar otras cuantas pequeñas crisis, entenderán de qué se perdieron. Esta es la manera en la que crecen los niños. Pero en general es deseable que el intelecto y las sensaciones se desarrollen recíprocamente en la persona, en armonía.
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