Tu deseo es solo tu deseo cuando, de hecho, él esté unificado con otros deseos. Ahí es donde radica todo el problema: No estamos lo suficientemente unificados. Las fuerzas individuales se encuentran en abundancia, mientras que la fuerza colectiva de la unidad no. Todos leen los libros, conoce todas las ideas en exceso, entiende las fuentes, trabajan en el grupo, difunden la Cabalá, y participan en las convenciones. Pero la pregunta es: ¿Estamos construyendo el lugar donde tenemos que revelar nuestro grado más alto? Este lugar es nuestro deseo integral. La integración de los deseos es el lugar donde encontramos el mundo futuro. ¿Tenemos un lugar así? ¿Nos sentimos internamente unidos para revelar en nuestra unicidad al Creador? Eso es exactamente de lo que carecemos, es decir, allí es donde no estamos ejerciendo el suficiente esfuerzo. Necesitamos un campo intenso, intensidad entre nosotros, un anhelo hacia la interconexión estrecha. Sólo en él, en este campo, revelaremos al Creador. Cada uno contiene un enorme poder, todos están llenos de ideas brillantes y ejerciendo el esfuerzo más serio, pero la unidad sigue siendo algo de lo que carecemos. No hemos hecho suficiente trabajo para crear el lugar que necesitamos. Todas las almas se elevan a Máljut del mundo de Atzilút, y la Luz desciende a ellas desde arriba. Es Máljut, en particular la que recibe nuestra oración (MAN), la suma total (Σ) de nuestros deseos que se dirigen únicamente a la unidad. Y eso es lo que necesitamos. Los gritos individuales no se elevan a Máljut de Atzilút y permanece como una súplica sin sentido. Esta espera una necesidad común, puesto que la espiritualidad se revela en la unidad entre las personas. Por lo tanto, se dice que la multitud mínima es de dos. Incluso dos, tú y yo, y la conexión entre nosotros es suficiente. Si creamos esa relación motivada por el deseo de encontrar al Creador, este se convertirá en el lugar de Su revelación. Ese es el problema. Si no estás trabajando en la unificación, tus suplicas no son aceptadas. Tú tienes que responder a dos preguntas:1.- ¿Estudiaste la Torá? En otras palabras, ¿Te esforzaste por amar a los demás como te amas a ti mismo, por medio de la Luz superior que es considerada como la “Torá”? ¿Anhelaste establecer la conexión con los demás y aprender a amar? Eso es lo que se considera como “el estudio de la Torá”.
2.- ¿Esperaste la redención? En otras palabras, a pesar de todos tus esfuerzos, no has logrado ningún resultado. Pero, ¿Te anticipaste a ella de todas maneras? ¿Elevaste el MAN por la corrección? Después de todo, la redención viene del Creador en un instante.
Es obligatorio que reunamos estas dos condiciones. No hay otra solución. Esto no se trata de las exigencias personales de alguien, sino de leyes. En realidad, hay sólo dos fuerzas: el atributo de otorgamiento y el de recepción. Y la conexión entre ellos organiza para nosotros todo el sistema de causa y efectos de la creación. No puedo hacerle súplicas a la ley, a la naturaleza, cuya parte integral soy yo. Por lo tanto, la sabiduría de la Cabalá nos explica cómo utilizar correctamente estas fuerzas de la naturaleza.


Baál HaSulám, “Comentario a la Hagadá de Pésaj” (Del artículo “Esto es para Yehuda”): “Ese pan que comieron nuestros padres en la tierra de Egipto” (La Hagadá de Pésaj): … De ello se deduce que la Mitzvá de comer Matzá fue dada a ellos mientras aun estaban esclavizados, y el propósito de la Mitzvá fue para el tiempo de la redención, puesto que ellos partieron a toda prisa. Esto siempre ocurre cuando pasamos de un estado a otro, dejando el grado en el que actualmente estamos: en la esclavitud de Egipto, gobernado por el ego, Faraón, nuestra obstinada “inclinación al mal” que nos mantiene como rehenes y no nos deja elevarnos por encima de nuestros celos , odio, lujuria y ambición. Por mucho que lo intentemos, aun no podemos elevarnos por encima de estas propiedades egoístas ni unirnos entre nosotros con lazos que se correspondan con el grado siguiente a la salida de Egipto. Aun somos incapaces volvernos “como un hombre con un corazón”, de adquirir garantía mutua para que la fuerza integral de amor y otorgamiento considerada como el Creador se revele. Por lo tanto, mientras todavía estemos esclavizados por Faraón, tenemos que visualizar el siguiente estado, jugar a “hacer creer” esto, de la misma manera que los niños juegan a ser adultos mientras crecen. Así tenemos que jugar a que vivimos una vida “adulta”, la vida espiritual.
Nuestro deseo es comenzar a tomar la forma correcta. Deseamos unirnos, para revelar un tirón hacia la unidad dentro de cada persona a pesar del egoísmo. Esto es muy importante: A pesar de mi egoísmo, hago esfuerzos para aspirar internamente y acercarme a los amigos, para mantenerlos a todos en una estrecha relación, como personas que están cercanas a mí en espíritu y propósito. Lo más importante ahora para mí es ser capaz de confiar en ellos: Si estamos unidos, entonces ellos se asegurarán de que yo no me olvide de nuestro camino y sólo me haga más fuerte en la consolidación común. Aspiro a unirme con los amigos y espero que esta aspiración me habilite para recibir un deseo insaciable de unidad con ellos. Esto es todo lo que necesitamos. Desde el principio y hasta el final de la corrección, esto es lo único que se nos pide. Es por esto que está escrito que amar al prójimo como a ti mismo es la regla que concluye y resume toda la Torá. No hay nada más que eso, y debemos dirigir nuestro camino únicamente en esta dirección. No importa cuánto nos se nos rechace. Si queremos llevar a cabo el programa de creación por medio de un escenario acelerado, entonces, sólo hay una oportunidad: comenzar desde lo opuesto, del estado más odioso y repugnante, y desde allí tomar medidas hacia el amor por el prójimo.
Si pudiéramos ver el juego que el Creador hace con nosotros, podríamos entender que todo lo que sucede en nuestras vidas está concebido con la intención de llevarnos a la meta única: la necesidad de recurrir al Creador. Y la fuerza que nos desarrolla gradualmente y nos obliga a recurrir a Él es llamada “Faraón”, siervo fiel del Creador. Faraón astutamente nos engaña, dándonos golpes y obstáculos a lo largo del camino: Este es todo el trabajo de Faraón. Nuestro avance depende de cómo aceptemos estos golpes, decepciones y oportunidades. No debemos verlos como una casualidad, sino ver la “mano guiadora” del Creador y pensar de que manera reaccionar ante ella. Aclarar estas situaciones es lo que nos ayuda a avanzar hacia adelante. La aclaración se produce sólo a través de nuestra conexión, porque sólo entonces tenemos un punto de vista correcto que nos permite entender lo que el Creador quiere. En última instancia, Él demanda que nos unamos como “un hombre con un corazón”. Si miramos todo lo que nos sucede desde este punto de vista, revelaremos pronto y de manera correcta lo que la fuerza superior quiere de nosotros. Esto es muy simple, pero sólo si una persona no se equivoca al ver todo lo que le está sucediendo, desde este punto de vista correcto. Todos los golpes y preocupaciones nos están llevando hacia la adquisición del atributo del otorgamiento. Venimos por el bien de nuestro egoísmo y nuestro orgullo, hasta que todos estos golpes y cambios forman una actitud correcta en nuestro interior que nos permite entender dónde estamos en relación con la fuerza de otorgamiento. Pero en el momento en que cambiamos, entendemos que todo esto fue hecho por amor. El Creador no quiso afirmar Su poder y hacernos inclinar. No estaba celoso de nuestro amor y compromiso con Faraón. Fue solo su gran amor por nosotros lo que Lo obligó a enseñarnos gradualmente. Y Él sufrió más que nosotros por lo nos estaba sucediendo, de manera similar a la forma en la cual sufren los padres al inyectar a un niño enfermo y darle la medicina amarga. Nunca hubo ni pudo jamás haber algún trato negativo del Creador. Sólo puede haber amor absoluto.
No, no será así. Sólo el 

Baál HaSulám, “Esto es para Judá”: “Este año aquí…, el próximo año, libre”. Está escrito sobre eso que, el objetivo de esta Mitzvá (mandamiento) es que podamos evocar la redención garantizada, destinada para nosotros, como en la Mitzvá de comer la Matzá de nuestros padres en Egipto. De este modo, demostramos nuestra confianza en que con seguridad saldremos a la 



Para cada festividad, los cabalistas del pasado han establecido un orden determinado. Si una persona quiere realizar un cierto estado espiritual o un nivel espiritual interior, incluso si es sólo una impresión de la espiritualidad, entonces, las instrucciones de los cabalistas le dicen qué hacer en cada estado. La raíz espiritual tocó la rama corporal dentro de un grupo de cabalistas que surgió de la antigua Babilonia, y a través de la conexión entre ellos fueron capaces de realizar todas las tradiciones corporales dentro de las acciones espirituales aceptadas para la redención final, que se realizaron en el mundo corporal, junto con las acciones espirituales. La persona mataría a un animal y, al mismo tiempo estaría “matando” el deseo de recibir placer. Él asaría al animal sobre el altar y al mismo tiempo corregiría su deseo egoísta. Entonces comería el animal y recibiría el placer por el bien del otorgamiento en el tercer nivel de su Aviút (espesor del deseo). Ellos llevaron a cabo todas las costumbres en lo corporal y simultáneamente llevaron a cabo acciones (mandamientos), junto con las Luces Circundante e Interna y los deseos espirituales. La festividad de la salida de Egipto es una salida desde el deseo de recibir hacia el deseo de otorgar. Aquí nos dedicamos a realizar acciones externas específicas como una señal de la salida del egoísmo hacia el amor, del odio y la separación a la conexión y la unidad entre nosotros. Por eso, cuando leemos la Hagadá pasamos por todas las acciones que reflejan las acciones espirituales que nos ayudan a salir de Egipto: “Kidúsh” (bendición), “Urjatz” (lavado de las manos), “Karpás” (sumergir las verduras en agua salada), “Iajats” (partir la Matzá por la mitad), “Maguíd” (la historia del éxodo), y así sucesivamente. Si llevamos a cabo este orden de las acciones en la noche de Pésaj (de la palabra “Pasaj”, pasar, saltar por encima), saltamos por encima de nuestro estado actual y entramos en el nuevo nivel, que es el primer nivel espiritual. Pero este orden no se corresponde con el orden natural de las fases de desarrollo (“concepción”, “amamantamiento” y “madurez”), que estudiamos en la Parte 12 del Estudio de las Diez Sefirót: los tres días en los cuales se adhiere el esperma, los 40 días de la formación del feto, los nueve meses del desarrollo fetal, el feto se voltea de cabeza, las contracciones y el nacimiento, la sangre que se eleva desde el vientre hasta el pecho y crea la leche, dos años de nutrición del niño, y las siguientes etapas hasta la adultez (Gadlút): 3 años, 6, 9, 12, 13, 20 y 70. Salir de Egipto no tiene un patrón en su orden de desarrollo. La Luz del estado de grandeza (Gadlút) viene primero que la Luz del estado de pequeñez (Katnút). En primer lugar entras en un nuevo mundo con la ayuda de las Luces de grandeza, y luego comienzas a desarrollarte en él. No entendemos la esencia del “nacimiento”, incluso en nuestro mundo. Simplemente lo percibimos como un proceso natural: El feto se desarrolló dentro de un organismo animal, y entonces sigue creciendo fuera de él. Ni siquiera nos preguntamos ¿Por qué estos tres kilogramos de carne que estaban dentro de la madre ahora están saliendo? ¿Por qué el feto sale completo? Después de todo, en el siguiente estado de desarrollo debería haber comenzado como una especie de gota y luego comenzar a crecer de ella. El estado anterior de desarrollo está por encima de los tres kilogramos, y ahora en la siguiente etapa, esos tres kilos se han convertido en una gota…¿Dónde has visto que todo lo que fue adquirido en el nivel anterior, el deseo (Kli) con todo su llenado avanzó completo como es, al siguiente nivel? ¿Cómo es posible? Si termino el desarrollo del nivel de NRNHY (NaRaNJáI) de Néfesh, alcanzo el nivel de Néfesh de Rúaj. Pero aquí no alcanzo el nivel de Néfesh de Rúaj, y en vez de eso, yo salgo con mis tres kilos de carne fuera del vientre de la madre y sigo creciendo. En teoría, debería haber empezado mi desarrollo en el exterior como una sola célula, a partir de una gota de semen, al igual que comencé en el interior de la madre, pero sólo en el grado siguiente. Todo esto subraya la orden único de la Pascua (Pésaj), la salida de Egipto, que es posible sólo porque las Luces del estado de grandeza vienen antes que las Luces del estado de pequeñez, y por lo tanto damos un salto.





Los intentos de estar en fe por encima de la razón constituyen la preparación para el Majsóm. Debemos desear este estado, a pesar de que todavía no estemos preparados para lograrlo. A veces se nos da la oportunidad de sentir “la fe por encima de la razón”, pero a medida que nos acercamos al Majsóm (la barrera que nos separa de la espiritualidad) queremos permanecer en fe por encima de la razón, tener por lo menos algún contacto con esto y no caer en un solo punto: el odio (yo) o el amor (otorgamiento). Tenemos que vivir con este miedo en todo momento. De hecho, si considero la realidad desde un solo punto de vista, soy solo una bestia. Si quiero ser un ser humano, “sentado encima de mi burro” (de mi deseo egoísta), debo incluir estos dos puntos opuestos dentro de mí. El primer punto es la crítica y el desacuerdo con los demás. Y el segundo punto es mi “yo” que está en desacuerdo con mi crítica a los demás. (Para ser claros, no estamos hablando sobre el trabajo de difusión, sino del trabajo interior dentro del grupo hacia la unidad, cuando hago críticas a un “amigo”, a sus cualidades que no están relacionados con el trabajo) aunque entiendo que mi crítica es verdad, aun así deseo revelar al Creador entre nosotros. Él es quien juega el rol de Faraón, convirtiendo mi amor en odio, la unidad y la conexión en resistencia, crítica y discordia. Él juega este papel para que yo quiera comunicarme con el amigo por encima de Faraón, a pesar de que mi corazón lo rechaza y lo odia, sin ninguna disposición para unirme con él. Tengo montones de quejas en su contra, pero con todo esto estamos construyendo una relación de amor, armonía y unidad total. Dentro de mi amigo deseo ver al Creador. No huyo en el punto exaltado en el cual todo está bien, sino que mantengo estos dos puntos opuestos dentro de mí en todo momento y sigo avanzando en medio de ellos. En ese momento yo ya tengo el comienzo de una vasija espiritual, Máljut y Kéter, dos puntos opuestos. Yo estoy en el medio, manteniendo las condiciones de restricción entre ellos. Y entonces la distancia entre ellos sigue creciendo, hasta que esto forme un objeto espiritual determinado. Todo este trabajo se lleva a cabo de forma práctica en el grupo y sólo en relación con los amigos.
• Si aún no me parece que todo lo que sucede fuera de mí soy yo, entonces la imagen todavía no está completa...

Es necesario ver a tus amigos como los más grandes de la generación quienes están conectados unos con otros en una red corregida y sin defecto. Yo soy el único que aún existe fuera de esta conexión maravillosa y quien tiene que unirse con ellos, para apoyar su conexión tanto como sea posible. Por lo tanto, debes ver el deseo del amigo como el deseo de conectarse contigo y con todos los demás. Esto es llamado entrar en la red de conexión entre ellos, como una célula que se une con un organismo unificado. Las otras partes del organismo ya están conectadas entre sí en unidad y armonía.
Rabásh escribe en sus cartas que yo ataco al corazón del amigo con regalos como si le disparara flechas o balas. Y a pesar de que tiene un “corazón de piedra” (Lev HaÉven) cubierto con una armadura poderosa (Klipá, cáscara), lo hago, pero golpeándolo una y otra vez, yo le atravieso gradualmente la armadura y su corazón. Y después lo lleno con mis regalos, amor. Así, de esta manera, me gano el corazón del amigo y adquiero el atributo de otorgamiento. Lo hago porque quiero penetrar en su corazón y sentirme como si estuviera en él. No es nuestro corazón egoísta normal, sino el espacio muy espiritual, el “lugar” donde deseo unificarme con él. Ahí es donde me esfuerzo por atravesarlo. La carta de Rabash # 40 dice lo siguiente: Cada regalo… que él da a su amigo es como una flecha o una bala que hace un hueco en su corazón…. E incluso si él ve que el corazón de su amigo es como una piedra… [Pero] a través de las balas que le dispara repetidamente, sus múltiples abolladuras hacen un hueco… donde el amor del dador del regalo atormenta y llena la totalidad de esta dimensión con ello. Y el calor ardiente del amor pongan de manifiesto las chispas de amor del amigo y entonces estos dos amores formen una vestidura común de amor que los cubre a ambos. Esto significa que un amor los rodea y los envuelve a ambos y a partir de ahora se convierten en un hombre. De hecho, están cubiertas bajo una sola vestidura común, anulándose él uno ante el otro. Podemos pasar mucho tiempo, decir palabras bonitas, discutir innumerables preguntas, pero después de todas las preguntas y respuestas, hay solamente un acto que muy probablemente te avanzará en la dirección correcta. Es sobre esto que Rabásh escribe. Este trabajo entre los amigos puede ser invisible en el exterior, mientras que ellos arden en el interior.
La razón siempre se esfuerza hacia el conocimiento y la recepción. Por encima de la razón están la fe y el otorgamiento. Ahora tengo que aclararlo: ¿Estoy dirigiéndome hacia el otorgamiento porque mi razón quiere que lo haga así, o porque la fe así lo quiere? Si me encuentro sólo en uno de los dos puntos, y dependiendo de mi estado, sin duda actuaré dentro o por debajo de mi razón, es decir que trabajaré para mi egoísmo. Siempre son necesarios dos puntos juntos. Imagina que odias al maestro, hierves de ira hacia él, pensando que no tiene la razón. Y junto con eso construyes una relación de amor, otorgamiento y rechazo total de ti mismo, y te adhieres a él. Entonces, tu deseo se desarrolla precisamente entre estos dos puntos, en su diferencia, debido al hecho de que te mantienes en uno de ellos en oposición con el otro. De lo contrario, ¿qué utilidad hay allí para Faraón si no construyes tu amor por encima de él, por sobre todo este odio y confías en que tú tienes razón, al aceptar la opinión del maestro, a pesar de tu conocimiento, opinión, y razón? Sin embargo, si pierdes uno de estos puntos, no te elevarás más. Por lo general, en este caso, la gente desciende por debajo de la razón.
Si te anulas ante el maestro porque has decidido en tu mente que vale la pena para alcanzar la espiritualidad, esto se llama fe por debajo de la razón. Después de todo, tu mente se adhiere a esta especie de auto anulación: Crees que el maestro es muy bueno, y con su ayuda tendrás éxito. Tú necesitas sentir la fuerza de tu ego al máximo, todo el Faraón que existe dentro de ti. Necesitas sentir estos dos puntos, al Faraón y al Creador, es decir, en qué medida deseas permanecer en tu ego, criticando a los amigos, a ti mismo y a todo en tu entorno, para permanecer en todos los diversos cálculos con la lógica y la potencia de su mente ágil, racional. Sólo entonces serás capaz de decidir que, a pesar de todo, puede ser útil rebajarte puesto que la mente ve que de lo contrario no alcanzarás la espiritualidad. Esto se llama fe por debajo de la razón. O puedes ir con la fe por encima de la razón. ¿Cómo funciona? ¿Cómo puedes ir en contra de tu mente, que cálculo tienes que hacer que te permitirá elevarte por encima de tu intelecto? Esto no sólo se refiere a tu actitud hacia el maestro, sino también hacia los amigos y el Creador. Después de todo, te relacionas con algo que está fuera de ti. El maestro proporciona la dirección, tú te anulas ante el grupo y tus amigos hacen lo mismo. Tu meta es unirte como ruedas dentadas, donde eres dependiente de ellos y ellos de ti. Si trabajas en el grupo para llevar a cabo la instrucción del maestro, serás merecedor de la revelación del Creador, la fuerza general de otorgamiento. Tú te anulas ante el maestro para aceptar su consejo. Te anulas ante el grupo para realizar este consejo en la práctica, para que juntos, con ellos y dentro de ellos, puedas revelar al Creador.




