
Sólo cuando trata de acercarse al prójimo y de conectarse con él es que la persona revela sus 613 deseos no corregidos. Sólo entonces empiezan a abrir su alma rota y a entender lo que tiene que corregir. Al corregir mis deseos con la intención de “no hacer al otro lo que odio”, me corrijo con el nivel de Bina (Jafetz Jesed, el deleite en la misericordia) y estoy lleno de la Luz de Jasadim (misericordia). Esto significa que soy completamente libre de mi ego. Entonces, gradualmente vuelvo este ego hacia el servicio a mi vecino, llamado “ama a tu prójimo como a ti mismo”, al corregir el AHP, los 365 deseos. Ambos estados de corrección sólo son relevantes para aquellos deseos que son revelados en nuestra relación con los demás. Si no tengo el deseo de conectarme con los demás, esto significa que aun no he revelado lo que tengo que corregir. Nuestros usuales deseos por comida, sexo, familia, dinero, poder y el conocimiento no necesita ser corregidos. Úsalos como desees. Si busco el conocimiento o el poder, este no es el deseo que se revela en relación a los demás. El trabajo comienza cuando trato de avanzar en esta conexión al revelar el deseo de otorgar en vez del deseo de recibir. Entonces, revelo en qué medida no lo quiero. Esta falta de deseo se llama “mal” y se revela a mí como a la creación. Es precisamente este deseo, el cual sentí como un rechazo de la conexión con otra persona al tratar de revelar el atributo de otorgamiento, el que es llamado el mal del egoísmo. Este tiene que ser corregido y transformado en bien. Esto significa que actúo de acuerdo a un estricto orden que se expresa con la frase: “Yo creé la inclinación al mal y he creado la Torá como una especia” porque la Luz en la Torá reforma, y realizo esta fórmula paso a paso.
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