Cuando el Ser Humano descubre la verdadera esencia del Creador y se comporta segun esa naturaleza, de otorgante o dador, ese acercamiento es tan intenso, que se da cuenta que no necesita de su religion, esta permanece solo como parte de su entorno cultural y social en este mundo.
Todo nuestro trabajo consiste en conseguir la similitud de cualidades con la Luz. En lo que respecta a nosotros, la Luz se divide en 613 (Tariag) Luces y construye 613 deseos en nosotros. Sin embargo, al final, solo existen un deseo y la Luz. Nuestro trabajo consiste en darle al deseo de disfrutar la misma forma que el deseo de otorgar de la Luz. De manera natural, no podemos convertir el deseo de recibir placer en el deseo de otorgar. En primer lugar, el deseo de recibir placer se mantiene, pero nosotros revelamos su forma: Distinguimos el deseo de recibir placer del agua, del pan y así sucesivamente. Todas estas cosas son las formas en las que este desea recibir su llenado. Por ejemplo, el llenado experimentado en una cierta forma de deseo se llama “pan”. El llenado experimentado en otra forma de deseo se llama “agua”. El llenado experimentado en otras formas de deseo se llama “carne”, “pescado” “dulces”, “ácido”, “amargo” y así sucesivamente. Todo depende de las formas del deseo de recibir placer. Es lo mismo con todo, incluso con la tecnología, las frecuencias y los espectros de luz. Todas estas cosas son las formas del deseo de recibir placer. El material es el deseo y todo está determinado por la forma que este asume. Tenemos que dar la forma adecuada a nuestro deseo de recibir placer. Esto no quiere decir que sea más adecuado desear “carne” cuando deseo “pan”. La forma correcta es la manera en la que yo deseo recibir el llenado llamado “pan”, “carne” y así sucesivamente. De esta manera yo distingo estos deseos que aun está prohibido que yo utilice debido a una variedad de razones, puesto que no seré capaz de otorgar en esta forma ni seré similar a la Luz. Hay dos componentes aquí. El primero es el deseo de recibir placer, lo que supone una cierta forma, porque de lo contrario, no es más que materia sin forma, como está escrito: “Todo viene del polvo”. Este polvo debe asumir una cierta forma, ya que no tiene sabor por su propia cuenta. Y yo tengo que probar el sabor en el deseo de recibir placer. Mi placer depende de la grandeza del deseo y la variedad de formas en que puede recibir placer, tales como la comida, el sexo, familia, dinero, respeto, poder y conocimiento, de acuerdo con la escala de valores aceptados en nuestro mundo. Además, existe una forma adicional, especial que se viste en esta materia: la intención ya sea “para recibir” o “para otorgar”. A esto se le conoce como la obra del Creador. De esta forma, hay una diferencia entre la criatura y el Creador. No todas las personas pueden detectar esta diferencia interna. Como regla general, la gente sólo distingue la forma regular que asume su deseo de recibir placer: Qué y cuánto quiere en comparación con otros. Todo su análisis termina allí. En otras palabras, ellos no hablan de la cualidad del deseo en relación con el Creador. Con el fin de tener una percepción espiritual vivida con respecto al Creador, el hombre debe tener un elemento especial en su deseo, en el que distinga si está cerca o lejos del otorgamiento, cerca de la verdad o de la falsedad. Este elemento se despierta en él en la forma del llamado punto en el corazón y no le permite estar de acuerdo sólo con las formas que sólo son convenientes para el deseo de recibir placer. Él debe desarrollar su propia actitud hacia la Luz que brilla en él de lejos, de tal manera que no la conoce ni la entiende. Sin embargo, esta Luz despierta la necesidad en el hombre de alcanzar la similitud con ella en cuanto a las cualidades. Entonces, la persona se eleva gradualmente por encima de su deseo de recibir placer en todas sus diferentes formas y comienza a preocuparse por la intención en la que existe, ya sea por el bien de la recepción o del otorgamiento y a ponerse a prueba a sí mismo en relación con esta forma. La Luz sigue despertándolo y lo lleva al grupo, a través del cual le influye. En otras palabras, la Luz le afecta a través de los deseos (Kelim). Al final, la persona se encuentra en un estado tan incómodo, tan malo, que intenta escapar y logra escapar de la influencia de la Luz que Reforma, de la Luz Circundante, negándose a aceptar las nuevas formas, ya que siempre ocurre esto bajo presión, como si estuviera siendo moldeado como la arcilla. O él entiende y acepta que debe aceptar la nueva forma de desesperanza, como resultado de los estudios y de la influencia del grupo. Entonces, él trabaja en el grupo, exigiendo nuevas formas de su deseo de la Luz. Al principio, espera que la Luz le traiga buenas cosas, desea obtener de las nuevas formas de Luz algún beneficio para su sustancia, el deseo de recibir placer. Esto se llama “el otorgamiento por el bien de la recepción”. Gradualmente, a través de un deseo desesperado de conseguir lo que él quiere y de la influencia de la Luz Circundante que le afecta a él a través del grupo, llega a un estado en el que ya no se preocupa de ninguna condición. Esto se llama trabajar sin condiciones, cuando lo único que le importa es aceptar la forma de la Luz, las formas del otorgamiento. Él no es capaz de entender exactamente lo que le está sucediendo y por qué está experimentando estos estados, pero la naturaleza de las formas que van a través de él lo hacen estar de acuerdo y empieza a desear que esto suceda. Él comienza a recibir el poder por encima de la razón, como si estuviera ebrio con la Luz. Él realmente quiere aceptar las nuevas formas y lo más importante, saber que el avance hacia la Luz está garantizado para él. Él se garantiza a sí mismo mediante su participación en el grupo. Cuando él se prepara correctamente, estando en un grupo, tratando de cancelarse ante él y aceptando la Luz que Reforma, a través de esta vasija común sin ninguna condición, sino sólo queriendo cancelarse para que la Luz pueda influir en él, entonces, los dos tipos de esfuerzo que hace durante el estudio y el trabajo en el grupo le traen éxito. De lo contrario, se encuentra en un estado sobre el cual está escrito: “El necio se sienta con los brazos cruzados y se come su propia carne”. Él puede “devorarse” a sí mismo durante una década sin avanzar.
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