
Durante el último congreso en el desierto de Aravá, ya alcanzamos el punto de unidad que yace por encima de nosotros. Aún es oscuro en nuestra percepción; sin embargo, es nuestro “bebé” en común. Ahora necesitamos elevar nuestro cuidado y preocupación por él, por esta unidad, hasta un nuevo nivel. Hasta ahora tenemos solo una gota estamos revelando rechazo, niebla, confusión y necesitamos usar esas cosas para trabajar con el fin de criar a nuestro bebé. Porque el amor no crece de la nada, se forma a partir del odio. El congreso ha pasado, todo parece haberse retirado hacia el pasado, los problemas actuales comenzaron a distraernos y desorientarnos. Mientras tanto, necesitamos convertir toda esta niebla en claridad. Cada uno necesita combatir las fuerzas de separación actuando dentro de él con el fin de llegar al punto central de todos los grupos el congreso que nos unirá a todos. A través de odio, rechazo, distanciamiento, e indiferencia nos elevaremos por encima del punto previo de unidad hacia el siguiente nivel. Y entonces veremos nuestra unidad como cierta construcción. El punto adquirirá volumen. Después de todo, la diferencia entre una gota de semen y un feto está determinada por nuestra atención, nuestro “poder de resolución”. Y se incrementa sólo mediante la adición de más “material”, es decir, deseo, egoísta, odio, etc. Si podemos anexar tal negatividad a nuestro punto de unidad, entonces seremos capaces de ver un embrión, o tal vez incluso un bebé en ello. Estamos hablando del tipo de alma que adquirimos y por tanto sintiendo el mundo espiritual a través de ella. Incluso el “embrión” es ya una medida de inclusión. Es una sensación que determina correctamente toda nuestra actitud hacia lo material y lo espiritual, eso nos orienta de forma correcta hacia todo lo que sucede en el mundo. Esto es lo que necesitamos lograr ahora.
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