
Nuestro egoísmo es “ayuda a partir de lo opuesto”, la cual tenemos que usar para ascender al nivel del Creador. Y funciona en dos áreas. La primera es la conexión de la persona con el grupo donde su egoísmo trabaja contra “Israel” (la intención “directo al Creador”). La segunda es cuando nuestro ego avanza en contra de la única fuerza que controla el mundo, es decir en contra del Creador. Nuestro ego se levanta en contra de esas dos fuerzas y se resiste a ellas con todos los medios posibles en cada momento. Es por eso que todo nuestro trabajo tiene esto como objetivo. Mientras más aspiremos a alcanzar una conexión entre nosotros en otorgamiento, amor, y garantía mutua, ¡más rápido revelaremos que somos incapaces de esto! Y entonces tendremos que acudir al Creador y tratar con el Faraón que está en Su contra. Sabemos de la historia de la esclavitud en Egipto que Moisés, el líder de la nación de Israel, quien habló con el Creador, no apareció en el primer momento. Todo esto ocurre tras muchos siglos de exilio en Egipto cuando la nación de Israel ya clamaba por el difícil trabajo y gritaba hacia el Creador. Sólo entonces una mujer judía dio a luz a un niño, Moisés y entonces toda esta historia comienza a desplegarse. Esta nueva fuerza llamada Moisés se eleva en una persona. Ahí es donde comienza el trabajo en contra del Faraón. Discernimos si vale la pena que nosotros atraigamos la fuerza superior para crear una conexión en el grupo que nos fusionará como una nación con un corazón, tanto que revelaremos al Creador dentro de esa unidad. Es decir, el trabajo tiene lugar en dos áreas. Primero que nada, este es un trabajo difícil que hizo a “los hijos de Israel llorar”, que es cuando queremos construir nuestra vasija espiritual (deseo) y no somos capaces. Y entonces gritamos, al no saber qué hacer. Ahí es cuando comienza la segunda fase, donde hacemos discernimientos: ¿A quién le gritamos y cómo? Tenemos que revelar la fuerza superior. La queremos presente en nuestra unión, y no sólo para hacer realidad la conexión entre nosotros. Toda nuestra conexión tiene que suceder con el fin de revelar la fuerza del Creador, la fuerza de otorgamiento y amor. Trabajamos en el transcurso de esas dos fases, y mientras no las completemos plenamente, uniendo todo Israel y atrayendo al Creador en lugar del Faraón dentro de nosotros, no seremos capaces de salir de Egipto. Este éxodo ocurre como un escape en la oscuridad, extremadamente apresurado. Existen muchos pasos que tenemos que dar en dirección a este éxodo. La Luz que ilumina esos pasos nos lleva a caer en cuenta que hay sólo una fuerza superior, “No hay nadie más aparte de Él”. Sólo él nos influye y nos lleva a través de todos esos pasos y esos estados. Todas nuestras sensaciones, pensamientos, y deseos nos llegan de Arriba. Lo que depende de nosotros es un solo punto de libertad: relacionar todo lo que sucede con el Creador. Realizamos esta libertad de elección en el grupo al unirnos como un hombre con el fin de revelarlo a Él, y Él está presente en el grupo. Así es como preparamos el éxodo de Egipto para ascender encima de nuestro ego y cambiar hacia ser gobernado por la fuerza de otorgamiento. Este es el evento más grande en la vida de una persona. No es un accidente que toda la Torá comienza con el éxodo, y el mes en el que sucede es llamado el principio de todos los meses. El principio es enumerado a partir del éxodo de Egipto porque toda la Torá y toda la vida espiritual son construidas sólo sobre esta base. Este es el comienzo del “ser humano” quien comienza a crecer a partir de la existencia animada, la creciente fuerza de fe llamada la fuerza del Creador, que se eleva por encima del conocimiento terrenal, animado. Todo esto comienza con el éxodo del egoísta Egipto.
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