
Pero yo existo en un sistema de fuerzas y tengo que saber cómo obtener de esto la mejor y más eficaz influencia con el fin de no perjudicarme y al entorno. De hecho, el daño infligido sobre el entorno volverá de nuevo a mí. En esta influencia hay una fuerza llamada “el mal de ojo“, es decir, un egoísmo humano no corregido que no está cubierto por una pantalla, que la persona puede poner en marcha sin saberlo. O la persona puede incluso ser consciente de estas acciones, pero no puede evitarlo. Si la persona ve que alguien tiene más éxito que ella, se pone celosa, le guste o no. Pueden ser celos buenos, productivos, los cuales empujan a la persona hacia el desarrollo. Es decir, podrían ser “el buen ojo“, cuando envidio a alguien y trato de avanzar también. O pueden ser “el mal de ojo”, cuando estoy tan celoso que quiero matarlo porque él es más grande que yo y esto envenena mi espíritu. Hay una broma al respecto: “¿Estás haciendo una revolución a fin de que no haya gente rica? Estábamos soñando con un mundo sin pobres…” Qué estado deseas que haga toda la diferencia. ¿Que no haya ricos ni pobres? ¿Con qué ojo estás buscando? Es lo mismo en el trabajo espiritual: Cuando estás buscando a un amigo que es más grande que tú, ¿quieres llevarlo hacia abajo o avanzar tú mismo?
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