
Yo he alcanzado un punto en el que puedo indicar brevemente lo que constituye para mí la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Se refiere a la relación del individuo con la sociedad. El individuo se ha vuelto más consciente que nunca de su dependencia de la sociedad. Pero él no experimenta esta dependencia como un hecho positivo, como un lazo orgánico, como una fuerza protectora, sino más bien como una amenaza a sus derechos naturales, o incluso a su existencia económica. Además, su posición en la sociedad es tal que los impulsos egoístas de su maquillaje se acentúan constantemente, mientras que sus impulsos sociales, que son por naturaleza más débiles, se deterioran progresivamente. Todos los seres humanos, sea cual fuere su posición en la sociedad, están sufriendo este proceso de deterioro. Los presos desconociendo aún su propio egoísmo, se sienten inseguros, solos y privados del disfrute ingenuo, simple y sencillo de la vida. El hombre puede encontrar el sentido a la vida, corta y arriesgada como lo es, sólo al dedicarse a la sociedad. Este artículo fue publicado originalmente en el primer número de Monthly Review (mayo de 1949). [A petición de Paul Sweezy (un famoso economista político marxista norteamericano, autor de la teoría del capitalismo monopolista)].
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