
Esto es llamado sufrimiento que lleva a una persona hacia la meta correcta. Al fin y al cabo, “Lo que la mente no realiza, el tiempo lo hace” y “el sufrimiento suaviza el egoísmo”. Este es el camino por el que avanzamos. Cada vez que cometemos un “error”, esto nos lleva a una revelación de un estado más corregido. Así es como opera dentro de nosotros la cadena de genes de información (Reshimot). Así es como alcanzamos finalmente un estado del cual está dicho: “Los hijos de Israel cayeron en la desesperación por este trabajo y clamaron al Creador”. Esto significa que mientras una persona se mueve por esta cadena de estados conectados como causa y efecto, gradualmente se incrementa su decepción. El hace esto hasta que llega a un estado de impotencia total, en el que entiende que no puede hacer nada por su cuenta y que “No existe nadie aparte de Él”, es decir que nadie puede ayudarlo salvo el Creador. Este Creador no es alguna fuerza mágica, sino una realidad especial que es revelada dentro de la persona. Esta realidad es revelada sólo cuando está vestida en una persona. Es por eso que una persona comienza a querer que lo domine la intención de otorgar.
Está dicho: “No tendrás otros Dioses”. Es decir, necesitamos determinar que todo, tanto externa como internamente, es gobernado por un Creador. Determinamos esto como resultado de la adhesión con Él y a través del contraste de contradicciones que se nos revelan. Este es el momento más difícil porque descubrimos una nueva realidad con dos fuerzas gobernantes, pero que se unen en una sola fuerza. Y esto es lo que debe hacer toda la humanidad. Hasta ahora, “yo” me consideraba la única autoridad, ante la sociedad y la naturaleza inanimada, vegetativa, animada, y humana, y trataba de controlarlas tanto como fuera posible para beneficiarme. Las tomaba en cuenta, pero sólo para determinar cómo podía manejarlas, de manera similar a la forma en la que veo antes de tiempo que no podré cargar una pesada maleta. Yo era el principal eslabón en este sistema y al final todo pasaba por mí. Incluso cuando obedecía alguna fuerza externa tal como el gobierno o la sociedad, esa era mi decisión, pensamiento y deseo. ¡Y ahora estoy en un estado de confusión porque veo que esos no son mis pensamientos, no son mis intenciones ni deseos! Pero la decisión puede ser mía sólo si sé cómo trabajar con mi entorno. Tengo una pequeña área de libertad llamada “El tercio medio de Tifferet“. Todo lo que existe dentro y fuera de mí, con la excepción de esta sutil relación con el entorno, debo atribuírselo al Creador. No es por su propia voluntad que esas personas ante mí quieren golpearme o abrazarme. Esas acciones no son suyas, sino del Creador. Y mi propio comportamiento, ya sea que actúe correcta o incorrectamente, si soy un pecador o un santo, no está determinado por mí sino por una fuerza externa. Por primera vez en la historia de nuestro desarrollo estamos descubriendo la existencia de una fuerza externa, y tenemos que trabajar con esta de una manera muy especial. Mientras más rápido tratemos de descubrir este gobierno y comencemos a colaborar con este, más ganaremos y ahorraremos en sufrimiento.
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