
Le enseñamos a los niños a sentarse en círculo, no detrás de escritorios y tenemos discusiones. Si alguien comete un error o hace algo equivocado, establecemos una especie de corte en el cual los niños, cada uno en su turno juega el papel de juez, de abogado, de testigo, de espectador y de jurado. El intercambio de papeles, le permite a cada uno observarse a sí mismo y a los otros desde un costado, al jugar diferentes papeles y ver quién tiene razón. Gracias a este juego de roles, un joven comienza a entender a otros y se da cuenta de que también hay diferentes perspectivas. Aparte, les enseñamos a los niños que cualquier problema debe resolverse en conjunto. Eventualmente ellos se desarrollan de forma integral, entendiendo cómo establecer las relaciones adecuadas entre ellos. Entonces es mucho más fácil mantener las buenas relaciones con todos. Al “ponerse en los zapatos del otro”, ve que no puede hacer nada, que no debería hacer nada con esta inclinación malvada y que sólo debe elevarse por encima de esta en sus buenas relaciones con otros. Por lo tanto los niños están coordinados con la naturaleza; teniendo tanto el lado positivo como el negativo y el equilibrio entre estos crea la vida. De la misma manera que nuestro corazón late constantemente y los pulmones se contraen y expanden: Todo funciona en la armonía de dos opuestos: el menos (-) y el más (+) cambian constantemente. Así que en lugar de destruir nuestro ego, tenemos que usarlo correctamente con la ayuda de la otra fuerza. Cuando los equilibramos, nuestra vida se vuelve armoniosa. Así nuestros niños reciben un “extra” maravilloso en su desarrollo. Gracias a eso, sus calificaciones en la escuela mejoran y algunos de ellos son aceptados en la universidad a los 13. Esto es así porque la educación integral revela tales habilidades en la persona que ni siquiera las pensó con anterioridad. Sabemos que el cerebro de la persona usa sólo del 3 al 5% de su potencial, mientras que aquí la capacidad de pronto crece gracias al hecho de que trabaja con dos fuerzas, equilibrándolas. Al mismo tiempo, existe menos violencia en el salón de clase, las discusiones violentas se terminan y los arranques individuales terminan rápidamente, permitiendo que la persona aprenda de ellos, dado que los niños inmediatamente lo discuten en un círculo. Con respecto al maestro, él no está por encima de sus estudiantes, sino que se sienta junto con ellos al mismo nivel. Su papel es comenzar la discusión y guiarla en la dirección correcta. En el mundo antiguo, las personas solían estudiar de esta manera, mediante pláticas y discusiones. Gracias a esto la persona adquiere un poder creativo positivo.
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