Cuando el Ser Humano descubre la verdadera esencia del Creador y se comporta segun esa naturaleza, de otorgante o dador, ese acercamiento es tan intenso, que se da cuenta que no necesita de su religion, esta permanece solo como parte de su entorno cultural y social en este mundo.
“José” se encuentra en un punto dentro de la persona que puede crecer sólo cuando se posiciona en el reino del Faraón (deseo egoísta). La pequeña chispa de Luz es llamada “una vela delgada” (Ner Dakik). La “vela delgada” deliberadamente se localiza dentro del ego porque esta crece dentro de él y de pronto se transforma en otorgamiento. Por consiguiente, José fue a Egipto, creció (se expandió) allí (es decir que sus hermanos se juntaron a él). Él representa la chispa que se desarrolla sólo dentro del ego humano. El egoísmo se construye de tal forma que sólo puede valorar algo que se considera “lucrativo” (beneficioso). Este identifica las “ventajas” sólo en el tipo de llenado, que se denomina “el trabajo de las mujeres” dado que es opuesto al abrumador llenado que es el llamado “trabajo de los hombres”. Es por esto que se dice que el Faraón ordenó matar a cada niño judío y dejar vivas a las niñas. Nosotros damos a luz a los “hijos” y entonces los matan ya que no tenemos idea de cómo trabajar con las intenciones con el fin de otorgar. Entonces, estos nacen nuevamente a través de nuestros esfuerzos para otorgar al menos de forma mínima, pero nuestro ego mata otra vez estos esfuerzos. Nuestro intelecto reconoce aquello que tenemos que otorgar y que lo manejamos para generar tales intenciones, pero entonces nuevamente los anula con nuestro ego. Nuestro trabajo es reconocer por medio de nuestro deseo que nos toca dar a luz a nuestros “hijos” y entonces los destruimos otra vez. Estamos aterrados por lo que hicimos y por el hecho de que no tenemos nada más. Después de pasar la tortura y de darnos cuenta que somos incapaces de hacer algo en cuanto al estado de las cosas, paso a paso, adquirimos un nuevo deseo: una Reshimo informativa que se llama “Moshe” (Moisés). “Moshe“ empieza a crecer y a desarrollarse en la casa del Faraón. Pareciera como si viniese del lado del Faraón. El Faraón lo desarrollo y lo eleva, le enseña su sabiduría, le da poder. Después de 40 años en el palacio del Faraón, Moisés consiguió todo excepto que a él no se le expuso el conocimiento sobre el Creador. Moshe continuó creciendo dentro de sus deseos, los cuales se sometieron a la corrección y sintió que a pesar de sus esfuerzos, él no podía convertirlos en otorgamiento. En este punto sus deseos adquirieron gradualmente el “punto de Moshe“, es decir la chispa que en primer lugar fue oculta a tal medida que era totalmente difícil de alcanzar. Sin embargo, la chispa siguió creciendo. Debido a esto continuamos dando a luz “hijos”, es decir intenciones de otorgar. Creemos que somos capaces de dar y una y otra vez “matamos” nuestros esfuerzos. La persona continúa exterminando a sus “hijos” hasta que con gran pena empieza a darse cuenta que todos los esfuerzos de otorgar no lo llevan a ninguna parte. Damos a luz un “hijo” (intención de otorgar), el cual es, de hecho, nuestro próximo nivel que nos direcciona a “salir” de Egipto. Este paso es el resultado de nuestro esfuerzo en el trabajo del grupo; este proviene de nuestros esfuerzos reales. En algún punto, adquirimos en realidad el deseo de otorgar, pero más tarde nos enfriamos y actuamos de forma egoísta nuevamente. Es decir el Faraón “se traga” nuestros recién nacidos.
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