Abordemos este dilema. Dentro de mi deseo de recibir puedo experimentar ya sea buenas sensaciones o sensaciones desagradables (bien y mal). Si me siento bien en Egipto y mi intención está dirigida hacia mí mismo, ¿entonces cómo evalúo el nuevo estado? Si es de acuerdo al deseo egoísta, entonces me siento bien en el nivel animal. Entonces no intento escapar hacia ningún lugar. ¿Pero y si me siento mal dentro de mi deseo de recibir? Si me ato a esta mala sensación, estoy en una crisis general, en una crisis global. Si entiendo que esta mala sensación me ayuda a dirigir mi intención hacia los otros, entonces considero este estado como bueno ya que me ayuda avanzar justo como el Faraón acercó al pueblo de Israel al Creador. No importa cuán malo pueda ser, existe un factor que lo mitiga, el avance hacia la meta.
Pero al mismo tiempo, el deseo en el que estoy me ayuda a evaluar el estado en el que estoy y apoya esta decisión. Veamos otra opción. Me siento bien, pero quiero dirigir mi intención hacia los otros, hacia el Creador ¿Esta buena sensación me ayuda a elevarme hacia Él? No. Resulta que este es un mal estado (maldad).
Pero tengo que volverme más fuerte tras los “siete años de saciedad” durante los cuales me sentía bien, y mi intención era altruista. Ahora viene un mal estado, “siete años de hambruna” ¿Me ayudan en mi camino hacia el Creador? En general el problema con el deseo egoísta puede, por una parte, elevarme por encima de este en un intento de escapar, en el que es más fácil para mí elegir la espiritualidad y por otra parte, puede hacer mi avance más difícil ¿Por qué? La Torá nos habla de una hambruna en la tierra de Canaán que forzó a los hijos de Jacob a bajar hacia Egipto. Se sintieron mal y fueron hacia adelante. En Egipto, al principio se sintieron bien y después hubo problemas otra vez ¿Entonces por qué el mal que se reveló al final del exilio los ayudó a abandonarlo?. La respuesta es que cuando yo me siento mal, tengo que tratar esto no como una mala sensación que me empuja en una cierta dirección y eso es todo. No. Tengo que resistirme al mal y revisarme a mí mismo y ver qué me hace escapar ¿Escapo porque duele o porque quiero alcanzar el otorgamiento?. Por lo tanto el mal requiere de un doble trabajo. En un buen estado es difícil para mí escapar al bienestar. Pero si después del bienestar vienen los problemas, el nivel de dificultad se eleva. Escapamos de los problemas de Egipto en el pasado y ahora tengo que elevarme por encima de las malas sensaciones y sentir los golpes que provienen no de una mala vida sino del dominio del mal. Al principio el dominio del Faraón le parecía bueno al pueblo de Israel y ahora se sienten mal por ello. Y no es a causa de la desesperación; no están hambrientos. Más tarde se quejarán cuando recuerden las ollas llenas de carne. Hoy también, hay naciones que están satisfechas con un “caldero lleno”, y no les importan sus gobernantes, mientras que otras están tan desarrolladas que no pueden soportar un régimen odiado; incluso si los amenazan y a pesar de los beneficios materiales, sienten una necesidad de liberarse. Así se desarrolla el deseo de recibir de acuerdo a sus cuatro fases.

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