
Está escrito que “la envidia, la lujuria y la ambición” sacan a las personas fuera de este mundo, lo que significa que tenemos que utilizar esta cualidades para entrar al mundo espiritual. Pero el problema es que una persona se dispersa en diversas direcciones y consigue todos los deseos en el mundo corpóreo. Si uno utilizara toda su fuerza para convertirse en un humano, elevándose al nivel espiritual, al grado humano, tendría éxito. Pero en lugar de eso, perseguimos el dinero, la fama, el poder y carecemos de envidia por las propiedades espirituales que nos permitirían convertirnos en humanos. Necesitamos analizarnos y conectarnos con el entorno que nos moldearán para que nos enfoquemos en el deseo más importante de todos: convertirnos en humanos y llenar los deseos de poder, dinero y fama, solo en la medida en que sean una necesidad vital. Todas estas propiedades deben apoyarnos en nuestra aspiración hacia la correcta forma de envidia: envidiar al Creador y ¡desear ser como Él! Y si fracaso y comienzo a envidiar la riqueza, el poder o el honor de otra persona, obviamente no estaré sintonizado con el superior, con la meta. Pero, ¿Cómo puedo envidiar al Creador si no lo veo ni lo siento? Esta es la razón por la cual se nos provee del grupo: para inculcarnos la importancia de las cualidades espirituales dentro de nosotros. Nunca sabrás quien es el Creador hasta que alcances Su nivel. Y además, Sus propiedades son opuestas a las tuyas y te repelen. Por lo tanto, en este punto, solo el entorno adecuado donde puedas trabajar, puede ayudarte. Solo el entorno puede cambiar tu sistema de valores. Pero el problema es que incluso hasta después que una persona completa su desarrollo preliminar en cuanto a los grados inanimado, vegetativo y animado y llega a la Cabalá, al principio del grado humano y al libre albedrío, repentinamente sale del sendero y se desvía hacia otra dirección por algunos largos años, en busca de riqueza, poder y honor. Y para el momento en que regresa, su vida está prácticamente terminada.
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