
“Esta semana, un estudio encontró que aquellos que están expuestos a más de ocho horas al día, cinco días a la semana, tienen seis veces más de probabilidades de sufrir el síndrome de “quemarse”. “De hecho, es un tema que se está volviendo cada vez más problemático ya que los despidos han dejado al resto del personal para que se haga cargo de una cantidad imposible de trabajo, con demasiado miedo de oponerse por temor a ser el próximo en la línea de fuego. El Dr. Borysenko, un científico y un psicólogo formado en Harvard, cree que las mujeres lo sufren con tanta severidad, porque son más propensas que los hombres a querer agradar a la gente, hasta tal punto que ignoran sus propias necesidades. “Quemarse es un trastorno de la esperanza. Este absorbe la vida de las autoridades competentes, de las personas trabajadoras. Se pierde la motivación y la vitalidad”, dice el Dr. Borysenko. “Hay varios cambios en el cerebro cuando estamos abrumados. El centro del temor en el cerebro es activado, nuestro lóbulo frontal funciona de forma diferente y perdemos el control emocional”. Tú no puedes comportarte así en el trabajo, por lo tanto te detienes. Pero cuando llegas a casa, es fácil desfogarlo con la persona que te ama o con tus hijos. El peligro es que envenena las relaciones y la vida familiar”.
Mi comentario: Los padres, si así lo desean, tienen que quedarse en casa con sus hijos. Los niños (y padres) deben estudiar desde su casa a través de la televisión y el Internet, obtener la educación general para todos, y asistir sólo a las discusiones y a la educación física, la que ellos elijan. Tenemos que trabajar menos y producir sólo lo necesario, de lo contrario, nos quemaremos o dejaremos esto sólo cuando, habiendo agotado la Tierra, nos demos cuenta de que no hay nada más para procesar.
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