
Si nos deseamos feliz Año Nuevo unos a otros y la “inscripción en el libro de la vida”, nuestras palabras contienen la fuerza superior. Después de todo, estamos conectados entre nosotros por medio de la preparación mutua, por el registro correcto, por el cual describimos todas nuestras propiedades en el fondo blanco. El fondo blanco sobre el que escribimos, es que la misma garantía mutua que podemos concebir como la “blancura” del grupo contra la cual yo escudriño mis deseos, atributos y veo cuán opuestos son estos con respecto al grupo, cuán inadecuados son estos para unirse con él. Sin embargo, yo completo este escrito y no me rindo. Sigo, más y más, para examinar las contradicciones. En este trabajo del mes anterior al nuevo año, está condicionado por el principio de “una persona que aspira al Creador (Israel), la Luz que Reforma la Torá y la fuerza superior el Creador son uno”. Israel es aquel que quiere unirse con los demás. La Torá es la Luz que Reforma la inclinación al mal, revelada sólo en el trabajo con el grupo. Sólo en el grupo descubrimos nuestra inclinación al mal, como el negro sobre el blanco, si yo pinto la imagen del grupo como si fuera completamente “blanca”, corregida. Y si queremos alcanzar esta blancura general, descubrir al Creador dentro de nuestra relación, Él se revela y recibimos Su “firma”. Nosotros escribimos todos estos “registros” en nuestros propios corazones, cada uno en el suyo. El corazón del hombre es un total de 613 deseos que no están corregidos por el momento, es el corazón malo, corrupto y roto. Es este corazón el que anhelamos corregir. Y su corrección se realiza mediante la conexión de nuestros corazones. En el estado futuro, todos nuestros corazones, todos nuestros pensamientos estarán conectados de tal manera que la mente y el corazón se fundirán en uno y todos seremos como uno solo. Desde el interior de la esperanza de alcanzar este estado, cada uno de nosotros escribe su letra. Y si la escribe de esa manera, no solo nos limitamos a escribir una letra. Escribimos el libro de la Torá en nuestros corazones. Es así porque en esencia, toda la Torá nos habla de la revelación del mal en nosotros y de las correcciones que recibimos entonces desde Arriba, desde “blancura superior”. Es por ello que diferenciamos el negro del blanco de modo que podamos escribir con el primero sobre el segundo. Pero también tenemos que examinar las propiedades del blanco mismo, de la Luz Circundante. Y para nosotros, aprender a “escribir” es sólo la preparación para que la Luz Circundante venga a iluminar dentro de nosotros. Por lo tanto, el negro sigue siendo negro y el blanco permanece blanco. Ellos son los cimientos de nuestra estructura. Pero nosotros ya los incluimos dentro de nosotros y profundizamos en el interior, en lo que llamamos los “secretos de la Torá”, el lugar donde tanto el blanco como el negro se funden en un todo único. Pero no es posible expresar esta adhesión por escrito. En el lenguaje escrito, no indicamos los Taamim (sabores), Nekudot (vocales, puntos que acompañan las letras) y Taguin (coronas por encima de las letras), la forma exacta o escrita. Esto se debe a que la persona debe alcanzarlas por medio de un trabajo interno y luego agregarlas a las letras. Podemos resumirlo de este modo: descubrimos nuestra negrura en relación con el grupo cuando lo pintamos como si estuviera finalizado, completo, en el estado “blanco”. Y cuando terminamos este trabajo, creemos que nosotros realmente hemos alcanzado un estado en el que el Creador necesita completarlo, “firmarlo”.
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