
Rav: Una de las cualidades del hombre es la empatía. Si le mostramos a alguien que está comenzando un camino de degradación (digamos, abuso de drogas) a otro individuo, cuya vida pende de un hilo debido a esas mismas drogas, pienso que esto tendrá un fuerte impacto en él, sin importar si quiere o no abandonarlas. Si llevamos a las personas al pabellón de cáncer de un hospital, verán lo que provoca fumar. Personalmente, yo fumo de forma bastante moderada, en mi opinión, sin embargo fumo. Entonces sé por mí mismo que si hubiera pasado por esos lugares a tiempo, eso me hubiera afectado fuertemente. Y si me hubiera encontrado en un entorno que desdeña el fumar y expresa su desprecio a los fumadores, naturalmente hubiera tenido una sensación que me forzara a darme cuenta del daño de esta acción. Es por eso que todo depende del grado al que pueda absorber de mi entorno la cantidad de revelación del mal que hace falta y de la que carezco para salir desde el estado de transición, donde aún estoy recibiendo placer y aún no me he destruido por completo. Para eso necesito un entorno serio, una comunidad, un grupo, o una clase en la cual estudio. Sabemos que si la opinión pública de las personas sigue una cierta tendencia o se adhiere a algunos principios especiales, todos están obligados involuntariamente a seguir eso. El instinto de manada es inherente a las personas porque la persona se evalúa sólo en relación a otros. Uno no puede permitirse ser mejor o peor que el resto. Lo que le importa a las personas es su importancia ante los ojos de la sociedad, pero si esta importancia es positiva o negativa no hace ninguna diferencia para ellos. Por lo tanto, si creamos una cierta norma social, todas las personas se verán obligadas a seguirla, así es como estamos creados.
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