Cuando el Ser Humano descubre la verdadera esencia del Creador y se comporta segun esa naturaleza, de otorgante o dador, ese acercamiento es tan intenso, que se da cuenta que no necesita de su religion, esta permanece solo como parte de su entorno cultural y social en este mundo.
¿Por qué nos sometemos a un proceso largo, enredado, y poco claro que contradice nuestra lógica y sentido común?
El punto es que en última instancia, a la criatura hecha por el Creador, tenemos que añadirle nuestro propio deseo, nuestra necesidad de experimentarlo a Él, de recibir la Luz superior y el llenado espiritual. Tengo que venir con mi propia ansiedad, hambre y deseo. Y con el fin de obtener mi propio deseo, necesito empezar por el extremo opuesto, ¡por no querer nada de esto! ¡Sólo si llego a este deseo desde su extremo opuesto puedo decir que es mío! De lo contrario, no lo es. Supongamos que quiero algo ahora mismo. ¿De dónde viene este deseo? Si excavo en la profundidad de este, entenderé que no es realmente mío, sino que se deriva de algunas causas internas: genes, hormonas, información acumulada en mi memoria, el entorno, y las necesidades de mi cuerpo y naturaleza. Eso significa que soy despertado desde dentro, pero no es mi deseo en absoluto, sino que es el llamado de mi naturaleza. Y, como un esclavo de mi instinto natural, empiezo a correr para conseguir lo que quiero. Lo que hoy quiero es comida, sexo, familia, riqueza, poder, honor, y conocimiento. Pero ¿realmente lo quiero? ¡No, no lo quiero! Yo nací de esta manera o el entorno influyó en mí cada minuto para inculcarme este tipo de deseos. Pero no es el “yo” que soy. Por lo tanto, parece que soy una marioneta y ni siquiera soy consciente de ello. Creo que soy el dueño de mi vida y, como un héroe, lucho para conseguir de ella lo que quiero. Pero resulta que no es lo que quiero en absoluto. ¿Entonces quién soy yo, si actúo como un robot? Lloro, me esfuerzo, y trabajo, aunque sólo sea para darme cuenta de que estoy llenando los deseos de otra persona y ni siquiera sé que soy un esclavo. Soy totalmente dependiente de los hilos por los cuales soy tirado y controlado en todo momento. Si tuviéramos la oportunidad de vernos a nosotros mismos de un lado, veríamos exactamente esto: Somos marionetas que no tienen nada propio, sin deseos personales ni las posibilidades de llenarlos. No somos quienes definimos nuestro propósito, y al parecer, ni siquiera somos seres humanos, sino algunas muñecas de tela y atadas a los hilos que nos mueven hacia arriba y hacia abajo. Sin embargo, cuando siento un deseo interior, ¿no soy yo quien lo hace? También es una gran pregunta puesto que surge un sentimiento en la materia que me dieron. Se produce cierta perturbación interna dentro de la marioneta, ciertos impulsos eléctricos pasan a través de ella, y comienza a reaccionar y actuar. Si nos examinamos en tal profundidad, ¡veremos que no hay una criatura aquí! Allí es cuando empezamos a entender cual fue la tarea del Creador: Cómo crear un deseo básico, primario que no se derivó de Él. ¿Cómo puede Él crear un muñeco que, a pesar de ser de plástico, pueda obtener vida y empezar a pensar y desear por su cuenta? Además, ¿cómo hacer que desee, piense y actúe por si misma? De lo contrario, toda la creación es sólo un juguete, un engaño total. Ni nos damos cuenta de lo difícil que es para nosotros crearnos de tal manera que podamos construir algo dentro, de forma independiente, algo que pueda ser llamado “hombre” (Adám), que significa “similar” (Domé) al Creador, autónomo e independiente en las elecciones, acciones y deseos de uno, y no sólo un avión no tripulado. Por lo tanto, estamos destinados a pasar a través de estados extraños e inusuales, hasta obtener el deseo por nosotros mismos. Y sólo cuando alcancemos ese momento seremos llamados “humanos”, Israel. Aquellos que siguen siendo controlados desde arriba se consideran como las “naciones del mundo”. Pero quienes ya han evolucionado y tienen su propio deseo que los mueve hacia el Creador se consideran como Israel (Iashár El “directo al Creador”). Así, el propósito del ser creado es obtener un deseo y utilizarlo, y hacia allí es hacia donde nos está llevando la Luz superior. Esta puede traernos solamente a la conciencia de cuan necesario es este propósito, mientras que ganar este deseo es nuestro trabajo. Aquí, no podemos recibir nada hecho de antemano, pues de lo contrario, no será nuestro propio mérito. Por lo tanto, el Creador nos despierta una vez con deleite y otra vez con sufrimiento, usando estas dos riendas particulares, para llevarnos a la creación de algo nuevo dentro de nosotros mismos.
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